Foto: Reuters

Un nuevo estudio forense realizado a la Sábana Santa de Turín, el misterioso manto blanco considerado por algunos cristianos como el sudario con el que fue enterrado Jesucristo, es el último análisis que sugiere que probablemente se trata de un engaño medieval.

Los resultados de la investigación, en la que los científicos usaron un voluntario y un maniquí, así como técnicas sofisticadas como el denominado Análisis del Patrón de la Mancha de Sangre (BPA, por sus siglas en inglés), han sido publicados en la última edición de la revista ‘Journal of Forensic Sciences’.

La Iglesia Católica no tiene una postura oficial sobre la autenticidad de la sábana, que tiene impresa una imagen como si fuera un negativo fotográfico de un hombre con las heridas de la crucifixión.

La reliquia muestra la parte frontal y trasera de un hombre con barba, con sus brazos cruzados sobre el pecho. Asimismo, presenta trazas de lo que parecen ser regueros de sangre procedentes de heridas en muñecas, pies y un costado.

Los escépticos dicen que la sábana, que mide 4,4 por 1,1 metros, es una obra maestra de la falsificación medieval. Pruebas realizadas con carbono en 1988 dataron su procedencia entre los años 1260 y 1390, pero los resultados fueron puestos en duda por algunos.

El último estudio se centró en los regueros de sangre procedentes de heridas en la mano izquierda, los antebrazos, un costado –que según la Biblia fue causado por una lanza– y cerca de la cadera.

Se introdujo un pequeño tubo en la muñeca de un voluntario para simular el sangramiento de una herida donde habría sido insertado un clavo de la crucifixión, mientras que para la herida de la lanza se recurrió a un maniquí.

Usando instrumentos como el que calcula el ángulo de trayectoria balística, el estudio mostró que la dirección y el comportamiento de los regueros de sangre no coincidían con los vistos en fotografías de alta resolución del sudario, que está guardado en una cámara especial en la Catedral de Turín y solo es mostrado en ocasiones excepcionales.

“Cuando el voluntario estaba en (varias posiciones reclinadas) el movimiento de la sangre nunca coincidió con la Sábana Santa”, señala el estudio.

“Asumiendo que las manchas rojas (…) son realmente sangre de heridas de la crucifixión, los resultados de los experimentos demuestran que los supuestos patrones de flujo de diferentes áreas del cuerpo no son consistentes entre ellas”, agrega.

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