Este jueves se cumplen cinco años del gran incendio forestal que se inició en Sa Coma Calenta (Andratx), uno de los más virulentos y devastadores de la historia de Baleares.

El fuego se originó a raíz de una negligencia y quemó más 2.400 ha (de las que unas  2.335 eran forestales, de pinar, carrizo y matorral). Además, el fuego obligó a desalojar el pueblo de Estellencs.

Las condiciones meteorológicas extremas de baja humedad relativa y temperatura ambiente elevada, junto con las características topográficas complejas de la zona, obligaron a llevar a cabo un amplio despliegue de medios de extinción de incendios sin precedentes en las Islas Baleares y que trabajó sobre el terreno a lo largo de 18 días antes de poder darlo por extinguido definitivamente.

El incendio ocasionó daños leves a 25 inmuebles y graves (con daños estructurales importantes) a otros 35.

Dada la singularidad ambiental y la extensión de la zona afectada por el incendio, la Consellería de Medio Ambiente elaboró ​​un plan de recuperación de la zona incendiada que se vertebró en cinco ejes de actuación con la finalidad de recuperar los hábitats naturales afectados y la calidad del paisaje, priorizando los esfuerzos para evitar la pérdida de suelo por erosión y planificando las medidas urgentes y prioritarias para garantizar la seguridad.

Estos cinco ejes fueron: garantizar la seguridad para personas y bienes; control y prevención de procesos de desertificación y prevención de la aparición de plagas; regeneración de la cubierta vegetal; recuperación de las especies de flora y fauna, hábitats y paisajes singulares que había antes del incendio;

Así pues, para garantizar la seguridad de bienes y personas se priorizó la retirada del arbolado que comprometía la seguridad del tráfico peatonal y de vehículos, especialmente a lo largo de la carretera Ma-10 (aproximadamente 11 km) y también actuaciones de acondicionamiento de los caminos de la Trapa y de la finca pública de Sa coma d’en Vidal, para acceder a zonas prioritarias de restauración.

En cuanto al control y prevención de procesos de desertificación y prevención de la aparición de plagas se ejecutaron medidas de control de la erosión en unas 108 hectáras mediante la confección de fajinas y la creación de un lecho protector o mulch con la vegetación quemada y triturada in situ.

También se llevó a cabo el desembosque de los árboles muertos y gravemente afectados por incendio forestal, y en aquellos lugares donde era factible este desembosque, el aprovechamiento de la madera y biomasa para energía, en una superficie aproximada de 230 ha; monitorización y seguimiento de los procesos erosivos (estaciones de aforo) y análisis de la evolución de la vegetación, con el fin de obtener datos sobre las tasas de exportación sedimento, sobre la respuesta de la vegetación y sobre la efectividad de las actuaciones realizadas; creación de estructuras de prevención contra futuros incendios, como fajas auxiliares de defensa contra incendios forestales en la carretera y caminos principales, y la recuperación de antiguos cultivos agrícolas sobre bancales con el fin de crear discontinuidades de combustible; actuaciones de restauración de caminos, bancales y cierres perimetrales; seguimiento y control de las poblaciones de insectos susceptibles de generar enfermedades y plagas mediante la instalación de trampas para escolítidos y cerambícidos; recuperación de cultivos e infraestructuras agrarias; reparación de cierres pecuarios, recuperación de zonas de cultivo y frutales de secano, restauración de espacios abancalados, acondicionamiento de viales rurales, etc.

En un tercer eje se ha trabajado en la regeneración de la cubierta vegetal haciendo una evaluación y seguimiento de la regeneración natural en parcelas de seguimiento transectos periódicos, donde se han analizado los parámetros del estado de la regeneración y la afectación por herbivorismo.

Se ha hecho una reforestación de 6,1 ha en la zona de sa Gramola y se Campàs, zonas donde la regeneración natural no garantizaba la futura masa arbolada. Además, también se ha poblado de planta forestal autóctona de pino blanco y arbustivas y se han colocado 3.300 protectores contra herbívoros para la regeneración de una zona de 5 ha de la Trapa afectada por el incendio.

Se ha procedido a recuperar las especies de flora y fauna, hábitats y paisajes singulares que había antes del incendio; se ha hecho un control intenso de la cabra asilvestrada, que podía comprometer la regeneración natural; se ha declarado zona de emergencia cinegética temporal y se ha suspendido la caza en la zona incendiada por un periodo de un año.

Actuaciones que, en todo caso, no se podrían haber hecho sin una campaña de sensibilización y una gran diversidad de actividades formativas y de sensibilización (visitas de institutos, charlas y talleres en los centros educativos, etc).

Actualmente se observa una recuperación significativa de la vegetación de la zona incendiada de Andratx. El grado de cobertura forestal llega hoy en día cerca del 60%. Se encuentra una diversidad de especies vegetales importante y la especie que más cobertura presenta es el carrizo ( Ampelodesmos mauritanica ), situación habitual en estos estadios de regeneración natural. En cuanto a las especies arbóreas, el pino blanco es el que más presencia tiene, pero hay que continuar con el seguimiento de la viabilidad de los plantones, especialmente después de los periodos de sequía (en verano).

A través de la monitorización continuado del área afectada se registra una tasa de erosión relativamente baja para este tipo de zonas incendiadas del Mediterráneo (23,2 t / km 2). Este hecho demuestra la efectividad de las infraestructuras instaladas después del incendio forestal (fajinas), la función que proporcionan los bancales existentes sobre el territorio y por el hecho de que no haya habido ningún evento de precipitación torrencial durante estos cinco años bastante intenso para movilizar o incentivar los procesos de erosión.

Se puede concluir, por tanto, que la regeneración natural de la zona afectada por el incendio forestal de Andratx sigue ahora una evolución positiva (incrementándose de manera progresiva el grado de cobertura vegetal), aunque es importante que se consolide la cobertura arbolada (pino). Por ello, es necesario continuar el control de la cabra asilvestrada, con el fin de la recuperación del paisaje y de los servicios ecosistémicos que proporciona el bosque, fomentando la conservación de los bancos de semillas de las especies arbóreas y de la regeneración natural.

La Consejería de Medio Ambiente, junto con la Universidad de las Islas Baleares, elabora ahora un libro que recoge todo el seguimiento y monitorización hecho durante estos cinco años (2013-2018) en el área afectada por el gran incendio forestal, con datos relevantes de la efectividad de las actuaciones de conservación de suelos y de la evolución de la regeneración natural de la vegetación afectada, así como un conjunto de las intervenciones de conservación realizadas. Se espera que en los próximos meses esta publicación esté al alcance de los gestores y conservadores de los espacios naturales, escuelas e institutos, así como del público en general interesado en la materia.

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