Un individuo ha sido detenido tras una espectacular persecución a la carrera por la Playa de Palma en la que sillas, taburetes y botellas, rodaron por el suelo.

El detenido, de origen senegalés, está acusado de un delito contra la salud pública (por tráfico de drogas), uno por atentado contra la salud pública y otro por daños en un vehículo policial.

Los hechos ocurrieron el pasado día 6 sobre las 20:25 horas cuando una patrulla motorizada de la Policía Local observó, en el cruce de las calles Bartolomé Salvà y Llaud, a dos personas que se aproximaban a un varón de origen subsahariano y vieron que le entregaban dinero a cambio de algo.

Los compradores, al detectar al agente, se dieron a la fuga mientras que el vendedor lanzó un paquete a un contenedor. Cuando el policía llegó hasta él, este le propinó un empujón a la parte delantera de la moto a raíz del cual el agente cayó al suelo y la moto sufrió diversos daños.

Comenzó así una espectacular persecución a la carrera que se prolongó durante unos cinco minutos y en la que el perseguido lanzó al suelo diversas sillas y taburetes situados en las terrazas en un intento de evitar ser capturado. La persecución llegó a su fin en el interior de un establecimiento donde el huido, y con la misma finalidad de dificultar su captura, tiró varias botellas al suelo.

Sin embargo, el hombre opuso una fuerte resistencia y fue necesaria la intervención del compañero del agente para lograr reducirlo.

Finalmente, se recuperó el paquete del que se había desecho el perseguido en el contenedor y en cuyo interior se hallaron lo que parecían 5 barritas de hachís. En el cacheo al que fue sometido se le encontraron encima 13 pastillas potenciadoras de la actividad sexual, 680 euros en billetes de diferente cuantía y 3 relojes sin marca.

Los incidentes en la calle Bartolomé Salvà son continuos

El incidente reseñado no ha sido el único acaecido durante los últimos días en Bartolomé Salvà.

El pasado día 7, un grupo de unos diez senegaleses corrían por dicha calle empujando a los peatones sin ningún tipo de miramientos hasta alcanzar a subirse a un autobús por la puerta situada en la parte de atrás, sin preocuparse siquiera por abonar el importe de sus respectivos billetes.

Un agente de la Policía Local, testigo de lo ocurrido, subió al autobús y cuando intentó recabar información de lo que sucedía, fue agredido por uno de los componentes del grupo.

El día 8, en la misma calle, otro agente detectó a un joven senegalés manipulando una bicicleta y cuando se acercó para indagar al respecto fue agredido sin mediar palabra alguna.

 

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