El superviviente de Auschwitz Marian Turski, nacido en Polonia hace 92 años, ha asegurado que la amistad y la “solidaridad humana” fue uno de los pilares que le permitieron sobrevivir al horror del campo de exterminio y ha advertido de que hay que tener “cuidado” porque el Holocausto “podría pasar en cualquier otro país donde no haya suficientes frenos por parte de un Estado democrático”.

“Estoy convencido de que los factores que permitieron a Hitler llegar al poder, están hoy en día presentes en muchos países de Europa y América. Ante esa situación solo cabe recordar que debemos tener cuidado”, ha indicado este jueves 21 de junio en Madrid, durante su visita a la exposición ‘Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos’, en el Centro de Exposiciones Arte Canal, por la que han pasado ya más de 350.000 visitantes desde su apertura en diciembre de 2017, según ha indicado a Europa Press el director de la exposición, Luis Ferreiro.

Durante el recorrido, Marian Turski ha intentado situarse lejos de las alambradas de alta tensión recreadas en la muestra porque todavía siente miedo al acercarse pensando que se puede electrocutar. Estos postes y alambradas, según ha explicado, rodeaban todo el campo para prevenir las huidas pero también en torno a los hornos crematorios. “Para nosotros, lanzarse a estas alambradas simbolizaba el suicidio, el momento en que una persona ya no podía soportarlo más”, ha recordado.

Turski, que durante mucho tiempo tuvo una amnesia que le impedía recordar el horror vivido, siente ahora la obligación de contar al mundo lo que vivió para que no vuelva a repetirse. Uno de los recuerdos que le viene a la mente corresponde a un hecho que se produjo nada más llegar al campo de concentración y exterminio.

“Uno de los capos del campo, un alemán que hablaba una jerga que no entendía, me ordenó hacer algo y yo no lo comprendí. Enseguida me pegó un puñetazo que provocó que se me cayeran y rompieran las gafas. Un miope como yo en un campo de exterminio sin gafas no podría sobrevivir más de dos días. Era absolutamente necesario recuperar las gafas”, ha relatado.

TRES MONEDAS: ALCOHOL, CIGARRILLOS O PAN

Turski, junto a su grupo de diez camaradas, se dirigieron a la unidad a la que llegaban los objetos personales donde les exigían un pago por las gafas. “En Auschwitz había tres tipos de moneda: el alcohol, los cigarrillos y el pan, pero yo solo tenía pan y si hubiera dado como pago mis tres raciones diarias habría muerto”, explica. Turski se emociona al recordar cómo sus amigos decidieron quitarse una tercera parte de su pan diario para comprarle las gafas.

En su día a día, los prisioneros sobrevivían con apenas 350 gramos diarios de pan, un litro de sopa –“en teoría”–, y una especie de café; con una manta fina, los que tenían suerte, aparte del uniforme de rayas que apenas les abrigaba en los días en que la temperatura caía a 20 grados bajo cero; y dormían en barracones con literas para unas 600 personas pero ocupadas por 1.100 personas.

Turski se detiene junto a una litera de madera. “Dormíamos cinco (en cada ‘cama’ de paja). Y podría parecer mejor la plaza de arriba, porque la gente no controlaba sus necesidades y los de abajo, muchas veces se mojaban. Pero cuando los nazis nos llamaban para formar de repente, nos tomaba mucho tiempo bajar pues estábamos debilitados y los rezagados podían ser asesinados a palos”, recuerda.

Su amistad también fue decisiva en el día a día, cuando volvían de trabajar exhaustos y aún así se animaban entre ellos a aprender francés, por ejemplo, con tal de “mantenerse activos para conservar la dignidad humana”. Asimismo, eran importantes y “esperanzadores” los pequeños gestos como el de la ‘B’ de la frase ‘Arbeit macht frei’ (El trabajo libera), emplazada en el acceso a Auschwitz.

LA ‘B’ ESPERANZADORA PARA LOS PRISIONEROS

“La forma normal de una ‘b’ es un semicírculo más pequeño arriba y uno más grande abajo. Aquí es justamente al revés. Tenemos base para considerar que el maestro herrero que realizó esta puerta de entrada también fue prisionero del campo y que hizo la ‘b’ así de forma consciente, para expresar que sí puedes hacer algo en contra de la voluntad de los alemanes aunque sea una cosa minúscula. Y todos los prisioneros, al desfilar bajo esa inscripción tras el trabajo sentíamos una pequeña satisfacción”, ha relatado.

Turski ha mostrado su “enorme reconocimiento” a la exposición sobre Auschwitz en Madrid porque considera que “ahonda en la idea profunda de cómo fue posible Auschwitz”, de cómo “gente joven, que realizaba actividades de ocio, que lo pasaba bien, asesinaba, construía hornos crematorios y torturaba”.

“Si somos capaces de mostrar los factores que permiten que se produzcan cosas como el Holocausto entenderemos que Auschwitz no es algo que cayó del cielo de repente sino una especie de coronación de un proceso”, ha subrayado, al tiempo que ha citado algunos hechos que podían haber sido indicativos de lo que iba a ocurrir: panaderías donde los judíos solo podían comprar a partir de las 17,00 horas o piscinas públicas donde no tenían permitido el acceso.

Sobre los negacionistas, el superviviente de Auschwitz ha indicado que aunque en aquel momento habría gente “de buena fe que no podía creer” que estuvieran asesinando a más de seis millones de judíos en el Holocausto, considera que hoy en día quien lo niegue es porque es “necio” o “de mala fe”.

Turski, que sobrevivió a Auschwitz y a dos marchas de la muerte no pudo estar con su familia, que fue capturada antes que él, una circunstancia que define, por una parte, como negativa pues “en los momentos que uno presiente como finales, te gustaría estar con tus familiares”, pero por otro lado, se alegra de no haber tenido que ver cómo su padre y su hermano fueron enviados a las cámaras de gas.

Termina la visita por la exposición y prefiere no enseñar en público el número que le tatuaron en el brazo cuando fue hecho prisionero, pero explica que a diferencia de otros supervivientes que se lo han borrado porque no podían mirarse el brazo para no recordar el horror, él prefiere conservarla porque considera que es su “condecoración más importante”.

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