Foto: Reuters

Tropas de la Guardia Nacional, policías y bomberos han trasladado este sábado al último grupo de evacuados, cuyos hogares se encuentran en el extremo oriental de la mayor isla del archipiélago, Big Island, horas antes de que la erupción de lava del volcán hawaiano Kilauea cortara todos los accesos a la zona, según han informado los oficiales.

Un flujo de lava tan ancho como tres campos de fútbol ha llegado hasta una carretera cerca de un cruce clave a las afueras de Kapoho, una comunidad costera de casas privadas y alquileres vacacionales reconstruida tras la erupción del Kilauea en 1960.

El flujo de lava ha dejado Kapoho y Vacationland, que cuenta con alrededor de 500 viviendas, aisladas del resto de la isla por carretera, según ha informado la agencia de Defensa Civil del Condado de Hawái.

Las autoridades han estado llamando a los residentes desde el miércoles a que evacuen antes de que la lava llegue a la zona.

La fase final de la evacuación se llevó a cabo entre el viernes por la noche y la madrugada del sábado por el personal del Departamento de Bomberos y la Policía, con la colaboración de la Guardia Nacional de Hawái y equipos de obras públicas, según ha señalado a Reuters la portavoz de defensa civil del condado, Janet Snyder.

Se estima que alrededor de 500 personas viven en Kapoho, pero Snyder ha asegurado que aún no estaba claro cuántos residentes, si es que alguno, han decidido quedarse en lugar de evacuar.

Otras 2.000 personas han sido evacuadas de Leilani Estates, una zona más al oeste donde decenas de casas se han visto afectadas por los ríos de lava que se extienden por Hawái desde el pasado 3 de mayo.

El gas tóxico de dióxido de azufre ha creado un riesgo adicional. También hay fibras de vidrio volcánico en el aire, producidos por fuentes de lava y transportados por el viento.

La lava también ha interrumpido las líneas telefónicas y eléctricas y ha forzado el cierre de una planta de energía geotérmica.

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