No llegó a hacer ni doscientos kilómetros después de salir del taller, cuando su moto dejó de obedecer y sufrió un accidente que a punto estuvo de costarle la vida.

Joan Font tiene suerte de poder contar lo que le ocurrió el pasado 7 de abril cuando cayó con su moto (una BMW 1150GS) frente al IES Son Pacs y tras rodar varios cientos de metros, acabó golpeándose con la pierna contra un árbol.

A punto de morir

A consecuencia del impacto, Joan sufrió rotura de fémur que, a su vez, le seccionó la arteria femoral, lo que le provocó una importante hemorragia que podría haberle costado la vida.

“Si logré salvarme fue porque en un coche que pasaba por allí iba un hombre que se detuvo y me practicó un torniquete”, explica Joan quien añade: “Más adelante conseguí averiguar quien era, un trabajador de un centro de estética y contacté con él. El accidente fue tan grave que los médicos, al ver estado en que había quedado la pierna, creyeron que tendrían que amputarla. Me hicieron un bypass pero no me aseguraron que funcionara. Bien, por el momento la he salvado pero ahora falta saber cómo quedará”.

Porque esa es otra cuestión.

Por el momento Joan ha sufrido ya dos operaciones y le quedan aún, como mínimo, dos más en una de las rodillas. “Me desplazo en silla de ruedas y tengo que mantener la pierna siempre recta y en alto, no puedo doblarla”, nos dice.

El mecánico le reconoció que debería haber utilizado piezas nuevas

El 24 de mayo, Crónica Balear publicó que las investigaciones llevadas a cabo por el grupo de atestados de la Policía Local habían relacionado el accidente con una reparación llevada a cabo pocos días antes en un taller de una localidad cercana a Palma.

En sus declaraciones a la Policía, Joan explicó que apenas había hecho 177 kilómetros desde que sacara la moto antes de caer: “10 Kilómetros hasta mi casa y 167 más el mismo día del accidente.”

También dijo que el siniestro tuvo lugar después de rebasar a unos vehículos e intentar volver a su carril sin éxito, momento en que la moto “hizo algo raro y nos fuimos al suelo”.

La inspección de los restos del vehículo permitieron descubrir que una horquilla de la dirección estaba fuera de su sitio y que era imposible que ello fuera fruto del propio accidente. Se constató así que el mecánico había realizado una auténtica “chapuza” al utilizar unas arandelas comunes y “totalmente inapropiadas” para fijar una tuerca en la suspensión delantera. Fijación que debería haberse realizado, tan solo, mediante una “arandela de presión” para evitar así que se aflojara el tornillo de sujeción.

“Lo cierto es que el mecánico se preocupó poco por lo ocurrido y eso sí se lo eché en cara; sobre todo porque nos conocemos de salir en grupo con las motos los fines de semana”, señala Joan quien asegura que el mecánico reconoció “haberse portado muy mal conmigo pero es que había tenido mucho trabajo. Me aseguró también que pasaría a verme, cosa que tardó bastante en hacer”.

Respecto a si también llegó a reconocer algún tipo de responsabilidad en lo ocurrido, Joan asegura que sí lo hizo: “Según me explicó, consultó con la BMW sobre si debería haber cambiado las piezas que utilizó y le contestaron que sí, que lo debería haber hecho. La policía le tomó declaración y asumió las responsabilidades por lo ocurrido pero yo no tengo claro que fuera él personalmente quien reparara la moto porque tiene varios trabajadores y podría haber sido cualquiera de ellos”.

Un grave perjuicio personal y económico

Joan ha explicado a Crónica Balear que el accidente ha supuesto importantes cambios en su vida y que también le ha provocado graves daños económicos: “Tengo tres hijos –de 19,13 y 8 años- y trabajo de fontanero cómo autónomo así que puedes imaginar que, cada día que estoy parado, me cuesta dinero. Tenía un trabajador que acababa de contratar y al que me he visto obligado a ceder a un compañero”.

“El problema”, añade, “es que mientras los médicos no den por concluida mi recuperación no se sabe cuáles son las secuelas que me quedarán y, por lo tanto, a que indemnización tengo derecho. Así que ahora, no cobro nada”.

“¿Qué si volveré a subirme en moto? No, cuando has vivido una experiencia como esta, se te quitan todas las ganas” concluye.

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