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Una vez más, la figura de Arturo Pomar (Palma de Mallorca, 1931- Sant Cugat, Barcelona, 2016) ha sido ninguneada por unos políticos que parecen acordarse del insigne jugador de ajedrez mallorquín tan solo cuando sirve a sus intereses.

Arturo Pomar está considerado (con permiso del menorquín Paco Vallejo) como el jugador de ajedrez más talentoso que ha tenido España; hasta el punto de que un reputado jugador y entrenador de ajedrez soviético llegó a decir de él que, de haber nacido en la Unión Soviética “podría haber llegado a ser campeón mundial”.

La última afrenta proviene, además, del departamento de Cultura del Consell, que ha excluido de una convocatoria de subvenciones una exposición que versa sobre la vida de Pomar y el papel que jugó su figura en la posguerra (y que puede visitarse en las instalaciones del Palma Arena desde el pasado noviembre) “porque su objetivo no es cultural”.

“Lo sucedido”, explica Jeroni Bergas, alma mater de la exposición, “no puede considerarse sino como un agravio a la figura de Arturo Pomar. Tengo la sensación de qué quienes han decidido así no saben siquiera de quien se trata y que la idea que tienen de Pomar es que fue un niño ajedrecista de la época de Franco”.

Ninguneado y olvidado por unos y otros

Y ahí radica lo lamentable de toda esta situación: Arturo Pomar, “Arturito”, fue un niño prodigio que aprendió a jugar al ajedrez a los cinco años y se proclamó campeón de España absoluto a los catorce. Un tiempo convulso y difícil para una España que salía de tres años de guerra civil y en el que los ojos de la propaganda del nuevo régimen se fijaron muy pronto del valor que los logros de aquel niño prodigio podían transmitir a la dolida sociedad de entonces.

Pomar se convirtió así en un habitual del NO-DO y de los periódicos y radios del momento hasta el punto de que Jeroni Bergas no duda en poner a la misma altura la repercusión mediática que tuvo en aquel entonces Pomar con la de Rafa Nadal en la actualidad.

Pero el “supuesto” apoyo del régimen duró lo que tardó en consolidarse el poder de Franco y en llegar Pomar a la edad adulta. A partir de ese momento, el apoyo al niño prodigio brilló por su ausencia. Pomar se vio abocado a aprobar unas oposiciones de cartero para poder vivir y a sufragarse de su propio bolsillo, y pidiendo vacaciones, sus lides en algunos de los torneos más importantes de la época donde tuvo que vérselas con los jugadores de la Escuela Soviética de Ajedrez, cuyos jugadores componían una perfecta máquina de ganar partidas y torneos.

Poquísimos jugadores –y entre ellos se encontraba Pomar- podían hacer sombra a los jugadores soviéticos, quienes coparon el trono del título mundial de forma ininterrumpida desde 1948 hasta 1972, cuando el norteamericano ‘Bobby’ Fischer –para muchos el mejor jugador de ajedrez de todos los tiempos- logró desbancar a los soviéticos y alzarse con el título mundial.

El mismo Fischer con el que Pomar logró empatar en la partida que ambos disputaron en 1962, en Estocolmo, y tras la cual, el norteamericano pronunció una frase que siempre acompañó a Pomar y que refleja, de forma certera, el calvario del mallorquín: “Pobre cartero español. Con todo el talento que tienes y ahora tienes que volver a España a pegar sellos”.

De la muerte de Pomar se hicieron eco todos los medios nacionales (y muchos internacionales) y la manipulación, y el olvido, de la que fue objeto en vida acompañaron las crónicas a modo de denuncia.

Cultura del Consell juzga que la vida y el papel que jugó en la posguerra, “no es cultura”

“Quiero que quede claro que la Exposición del Palma Arena no es una exposición de ajedrez. Es una exposición del recorrido vital de un hombre y de su papel en la historia del momento”, explica Jeroni Bergas, quien añade: “Desconozco si el hecho de haber sido en un momento dado ‘la cara del régimen’ habrá pesado en la decisión del Consell, pero es cierto que me he encontrado con gente –ajena al Consell- que al citar a Pomar me ha dicho que es una figura desagradable porque representaba a Franco así que no sería de extrañar”.

Y concluye: “El problema es que la definición de ‘cultura’, por parte del Consell, es muy confusa y permite una total arbitrariedad a la hora de calificar un proyecto como tal y poder acogerse a una subvención. Lo único cierto es que es una situación que hace mucho daño y que parece más bien destinada a que las asociaciones interesadas en hacer algo se desanimen y desistan; porque organizar algo así conlleva un esfuerzo personal y económico importante (en mi caso, tan solo en adquirir fotografías invertí 1.500 euros) y a la hora de intentar acceder a una subvención resulta que su criterio principal, qué se entiende por ‘cultura’, no está claro”.

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