MICHAEL KAPPELER/DPA

La anciller alemana, Angela Merkel, ha señalado este lunes que su Gobierno podría ofrecer apoyo financiero a otros estados miembro de la UE a cambio de que recibieran de vuelta a los solicitantes de asilo que formularon su petición en ellos.

Merkel ha dicho que los acuerdos bilaterales que está buscando cerrar con Italia, Austria y otros países sería similar al acordado por la UE y Turquía en marzo de 2016. Dicho acuerdo contempla que Ankara readmita a los solicitantes de asilo rechazados que llegaron a Europa vía Turquía a cambio de ayuda.

Por otra parte, ha subrayado que el plazo de dos semanas concedido por el ministro de Interior, Horst Seehofer, para poder lograr acuerdos en la cumbre europea de finales de junio no significa un inicio automático de la devolución de los solicitantes de asilo después de esa fecha.

La Unión Cristiano Demócrata (CDU) quiere reunirse el 1 de julio después de las conversaciones en Bruselas para hablar sobre lo sucedido en la reunión europea del 28 y 29 de junio antes de tomar decisión alguna, ha indicado Merkel. “No hay automatismo alguno”, ha recalcado, aclarando que la CDU quiere debatir sobre el asunto primero de manera interna y después con su partido hermano, la Unión Cristiano Social (CSU) liderada por Seehofer.

Finalmente, Seehofer aplicará paulatinamente su polémico plan de frenar en la frontera a los refugiados ya registrados en otros países para concederle algo de tiempo a Merkel de cara a la cumbre de la UE a finales de mes, según ha podido saber DPA.

Si no se logra ningún acuerdo en la cumbre europea del 28 y 29 de junio en Bruselas el ministro de Interior pondrá en marcha su plan de asilo y comenzará a devolver a los solicitantes de asilo en la frontera alemana, después de recibir el visto bueno este lunes de la cúpula de su partido, la CSU, según fuentes cercanas al encuentro.

El socio bávaro de Merkel quiere frenar primero a los inmigrantes que tienen ya una prohibición de entrada como sucede con todos aquellos cuyas solicitudes ya hayan sido rechazadas en el pasado. Mientras, se comenzará con los preparativos para evitar la entrada del resto de solicitantes de asilo en la frontera alemana en el caso de que no se logren acuerdos europeos.

Merkel cree que devolver a los solicitantes de asilo a los países europeos donde fueron registrados por primera vez como reclama su socio bávaro no soluciona el problema, ya que lo que se conseguiría sería lastrar aún más a los países periféricos y se correría el peligro de que estos decidieran dejar de registrarlos.

El objetivo de la mandataria alemana para contentar a la CSU es intentar cerrar acuerdos bilaterales con algunos países de la UE como Italia para tratar de que acepten la devolución de solicitantes de asilo, algo muy complicado teniendo en cuenta que estos países llevan tiempo lidiando con una gran afluencia de inmigrantes a sus costas y reclamando un reparto vinculante de los solicitantes de asilo entre todos los socios europeos, algo que no se ha logrado en tres años de reuniones.

CRISIS EN EL GOBIERNO

El ministro de Interior hizo tambalear los cimientos del Ejecutivo alemán la pasada semana al anunciar que una vez que contara con luz verde de su partido pondría en marcha su plan maestro de asilo a pesar de la oposición de Berlín.

La CSU, que reina desde hace décadas en Baviera, principal puerta de acceso de los inmigrantes a Alemania, cerró filas en torno a su líder, que ahora ha decidido concederle dos semanas de tiempo a Merkel como solicitaba la canciller.

Desde el estallido de la crisis de los refugiados en 2015, la CSU aboga por aplicar mano dura contra los solicitantes de asilo, especialmente ahora de cara a las elecciones de octubre, donde quieren evitar que el partido ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) les coma terreno con un mensaje xenófobo y antiislamista.

La decisión de Merkel de abrir las fronteras en plena crisis migratoria provocó que solo en 2015 llegaran aproximadamente 900.000 solicitantes de asilo, creando una situación sin precedentes en el país.

Desde entonces han llegado casi medio millón más y el Gobierno alemán se afana por buscar una solución ante el descontento creciente de la población, que quedó reflejado en las pasadas elecciones generales de septiembre, en las que AfD salió elegida tercera fuerza política del país.

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