El juicio al clan de ‘El Pablo’ ha concluido este lunes en la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Baleares, después de que 48 de los 52 investigados hayan aceptado su participación en una red de narcotráfico en el barrio de La Soledat en Palma y se hayan conformado con penas que suman más de cien años de cárcel.

En la sesión de este lunes solo han intervenido las defensas de tres de los encausados que no habían llegado a un acuerdo con el Ministerio Fiscal por esta causa contra el clan dirigido por Pablo Campos Maya, más conocido como ‘El Pablo’, que operó al menos desde agosto de 2014 a septiembre de 2015, como una estructura organizada que se dedicaba a la distribución de drogas (marihuana y cocaína).

A partir de ahora, solo queda conocer la sentencia de este juicio sobre estos tres acusados, después de que la gran mayoría de los investigados hayan aceptado un acuerdo y a una acusada la Fiscalía le haya retirado los cargos.

De esta manera, a una de las investigadas que no ha llegado a acuerdo, el Ministerio Fiscal le pide siete años de cárcel –le imputa reincidencia– y para los otros dos solicita tres años y seis meses para cada uno.

Cabe recordar que en la primera sesión de este juicio ‘El Pablo’ ratificó el acuerdo firmado en noviembre por el que aceptó cuatro años y medio de prisión por un delito contra la salud pública y otro de integración en grupo criminal, así como una multa de 37.000 euros. Sus dos hijos también suscribieron el acuerdo.

Según la Fiscalía, la agrupación estaba dirigida por ‘El Pablo’, que era “el principal beneficiario de las ventas de estupefacientes”, hecho que le permitió “irse haciendo progresivamente con la práctica totalidad de las propiedades en varias calles de La Soledat”.

En estas calles tenía instalados puntos de venta de drogas, normalmente regentados por familiares suyos, con lo que creó una zona “prácticamente impermeable a la investigación policial” debido a que cualquiera que pasara por esas calles -especialmente la calle Teix- y que “no fuera del grupo o cliente era inmediatamente detectado”.

A cambio de esta protección, según el Ministerio Fiscal, todos los puntos de venta se abastecían de ‘El Pablo’ y sus principales colaboradores, sus hijos, que regentaban cada uno un punto de venta y supervisaban otros.

CONTROL DE LA SOLEDAD MEDIANTE INTIMIDACIÓN

Según el fiscal, además del control de La Soledat comprando propiedades en el barrio, la trama ejercía coerción e intimidación tanto a los vecinos de la zona como a los integrantes de los escalones más bajos de la estructura para que no denunciaran ante la Policía.

Las ganancias del negocio eran canalizadas en la compra de diversas propiedades, muchas veces puestas a nombre de terceros integrantes del grupo familiar, hechos por los que se abrió una investigación por posible blanqueo de capitales.

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