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Los policías que testificaron este martes en la segunda sesión del juicio por la muerte de Silvia Hernández en Gijón en 2016, supuestamente a manos de su pareja, han ratificado que los vecinos que escucharon los gritos de auxilio de la mujer no le dieron importancia porque las peleas entre ambos eran “habituales”.

Así lo han indicado en la vista celebrada en la Sección Octava de la Audiencia Provincial de Asturias con sede en Gijón con jurado popular, en la que diferentes agentes han ratificado que el acusado contó primero una versión que no era verosímil y una vez en Comisaría “se desmoronó” y confesó que forcejeó con ella para arrebatarle un cuchillo.

Según los policías, más de un vecino les contó que habían visto el día de la supuesta agresión sangre en el suelo del rellano, pero luego alguien lo había limpiado. Asimismo, los vecinos coincidieron en señalar que era una pareja “problemática”.

Estos relataron a la Policía que eran “habitual” escuchar riñas y gritos, e incluso uno oyó decir un día a la víctima que se iba a lesionar y acusar a su pareja. Ninguno de los vecinos, por otro lado, tenía la impresión de que la víctima, pese a tener reconocida una minusvalía del 70 por ciento, tuviera algún retraso mental.

Sobre la llamada del acusado al Samur la mañana en la que supuestamente descubrió que su pareja estaba muerta, uno de los agentes indicó que el hombre explicó que la mujer estaba fría y que no sabía si estaba “viva o muerta”. También indicó que sangraba por la nariz y por la boca y que había sangre en el colchón.

La versión inicial del procesado fue que ella había caído y que habían discutido y se separaron. Cuando la volvió a ver horas después, la mujer supuestamente le contó que unas jóvenes la habían intentado robar y la habían pinchado. Relató también que él había insistido en ir al médico pero ella no quería.

No obstante, tras llevarle a Comisaría y preguntarle por los detalles de lo que había ocurrido, él “se desmoronó” y confesó que discutieron “violentamente” y que ella cogió un cuchillo, a lo que él forcejeó con su pareja para arrebatárselo, sin que sea consciente de cuándo se hicieron las heridas de la mujer.

MIEDO A QUE LE ACUSARAN

El procesado señaló a la Policía que aunque la mujer tenía dolores lo achacaban a la caída y no a las heridas con el cuchillo. Cuando despertó, fue cuando se la encontró muerta. Esta segunda versión, según los agentes, fue “espontánea” y “más verosímil”.

Según la Policía, él se inventó la primera versión porque tenía miedo de que le acusaran de la muerte de su pareja por tener antecedentes por malos tratos.

Durante el cacheo al procesado, que tenía una herida en su mano derecha, le encontraron dos teléfonos móviles y los tickets de las compras y la cena de esa noche en una sidrería.

Por su parte, otro de los agentes apuntó que se encontraron a la fallecida en la cama y al acusado en el piso. En la habitación contigua, hallaron el cuchillo con el que supuestamente se infringieron la heridas, el cual estaba tapado con una hoja de publicidad encima y solo se veía el mango.

Sobre esta cuestión, la Policía descarta que se pretendiera esconder el arma, sino que el papel encima obedecía a que la casa, que no disponía ni de luz ni de agua, estaba “muy sucia y desordenada”, con bolsas de basura, botellas de alcohol vacías por el suelo y los cacharros sin fregar desde hacía tiempo. No obstante, según los agentes, no daba la impresión de que hubiera habido alguna pelea.

Asimismo, los agentes corroboraron que el cuchillo había sido limpiado, pero pudieron observar restos de lo que parecía sangre con una lupa. Uno de los policías, además, ha indicado que no se pudo determinar unas huellas legibles en el cuchillo por las propias características de este, al tener un mango “rugoso” y una hoja “no suficientemente ancha”.

En cuanto al cadáver, este presentaba una herida en una mano y dos heridas de unos tres o cuatro centímetros de profundidad en el costado izquierdo. Uno de los agentes, incluso, ha manifestado que desde el Anatómico Forense indicaron que la mujer sufrió una hemorragia interna.

La Policía también declaró que la sangre hallada en el cadáver no parecía reciente, ya que estaba reseca y con un color oscuro. La mujer vestía un pantalón de chandal y una camiseta y un jersey gordo, los cuales mostraban unos desgarros que coincidían con la ubicación de las heridas del costado izquierdo de la víctima.

Asimismo, sobre las heridas del costado, una un poco más grande que la otra, había colocado papel higiénico como para cortar la hemorragia, mientras que en una mano había un corte “importante” pero sin sangre.

Durante la vista, se ha mostrado al jurado el cuchillo supuestamente causante de las heridas y se han escuchado las grabaciones de las llamadas de la víctima al 112, así como la del acusado al Samur.

Sobre esta última, el procesado, que se mostraba visiblemente nervioso, alertaba de que la mujer sangraba por la nariz y por la boca y no respiraba, a lo que explicó la versión del falso atraco y que ella, pese a su insistencia, no había querido ir al médico.

En cuanto a las seis llamadas de ella al 112, en tres solo se escucha el tono de llamada por un escaso tiempo, mientras que en otras dos se disculpa al señalar que quería llamar a atención al cliente de Vodafone y que se había confundido.

Solo en la última llamada le cuenta al operador que tiene problemas con su pareja porque no le quiere dar los cargadores del móvil, y si bien al principio acepta la propuesta del 112 para hablar con la Policía, finalmente rehúsa al argumentar que él va a intentar buscarlos y que si vuelve a tener problemas volverá a llamar.

PRISIÓN PERMANENTE REVISABLE

El juicio continuará este miércoles con la declaración de los forenses y las pruebas toxicológicas. Cabe recordar que tanto Fiscalía como Abogacía del Estado piden para el acusado por un delito de homicidio 22 años de cárcel, así como una medida de libertad vigilada al término de la condena. Se solicita además una indemnización de 60.000 euros para cada uno de los padres y de 3.000 para su abuela.

En cuanto a la acusación particular y la acusación popular, consideran los hechos de asesinato, al argumentar que hubo alevosía y ensañamiento, por lo que piden prisión permanente revisable y, alternativamente, 27 años de cárcel. Asimismo, elevan las indemnizaciones a 80.000 euros para cada uno de los padres y a 6.000 para la abuela.

El abogado de la defensa, por su parte, ha pedido la libre absolución de su cliente y ha justificado que él solo le arrebató el cuchillo para evitar que ella se suicidara.

“ME VA A MATAR”

Precisamente en la primera sesión del juicio la madre y la abuela coincidieron en que sabían de los malos tratos de los que la mujer era víctima. “Abuelita, me va a matar”, llegó a decir a su abuela la noche de la agresión.

Cabe recordar que, según la Fiscalía, el acusado, desde aproximadamente el año 2012, mantenía una relación sentimental con Silvia Hernández, con la que convivía en el barrio de Roces, sin hijos en común. Sobre las 02:30 horas del domingo día 13 de marzo de 2016, la pareja, de camino a casa, inició una acalorada discusión. Ya en casa, el hombre cogió un cuchillo de cocina, de unos 22 centímetros de longitud y una hoja de unos 11,5 centímetros, metálica y dentada, y se lo clavó al menos en dos ocasiones, en la zona torácica y a nivel de la línea axilar.

Durante todo el domingo día 13 de marzo, el acusado, consciente de que la mujer estaba aún con vida tumbada en la cama sin poder levantarse, agonizando, no procedió llamar a los servicios médicos ni a prestarle ningún tipo de auxilio. No fue hasta aproximadamente las 06,17 horas del día 14 cuando llamó a los servicios de emergencia, pero la mujer estaba ya muerta.

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