Foto: Reuters

La detección del primer caso confirmado de ébola en un núcleo urbano en República Democrática del Congo (RDC) supone una preocupación añadida ante el brote declarado en el país africano, toda vez que Mbandaka es una ciudad de un millón de habitantes y se encuentra situada a orillas del río Congo, una de las principales vías de comunicación del país, lo que podría facilitar su propagación.

El actual es el noveno brote de ébola que se registra en RDC, país que vio nacer precisamente a esta enfermedad. Según explica a Europa Press el director de Oxfam en el país, José Barahona, los brotes anteriores se han registrado todos en zonas rurales muy remotas, lo que permitía controlar con facilidad la propagación.

En esta ocasión la zona de Bikoro, donde apareció el primer caso, “es una zona rural bien comunicada” que cuenta con una pista que permite llegar hasta Mbandaka, la capital provincial de Equateur, y que tiene acceso al río Congo, que es “la autopista del centro de RDC” y que lleva hasta Kinshasa, a través de un afluente, precisa Barahona, que resalta la movilidad que hay entre Bikoro y Mbandaka.

La epidemia de ébola en África Occidental de 2014 ha permitido aprender lecciones, como que “mientras que el brote se mantenga contenido en una zona pequeña se puede controlar relativamente rápido”, como el último registrado en 2017 en RDC, pero “en el momento en que llega a las zonas urbanas la movilidad es más alta y la propagación es más rápida”.

En este sentido, el responsable de Oxfam reconoce que existe preocupación por que no haya una propagación en Mbandaka puesto que “sería muy probable que el virus viajara hacia el sur y hacia el norte a través del río con la posibilidad incluso, aún remota, de que llegara a Kinshasa, la segunda ciudad del África Subsahariana con 12 millones de habitantes”. “Eso podría ser una auténtica catástrofe pero estamos lejos aún de esa posibilidad”, recalca.

Por su parte, el coordinador de emergencias de Médicos Sin Fronteras (MSF) y experto en ébola, Luis Encinas, que ya se encuentra en RDC, advierte de que aún es pronto para hacer pronósticos sobre cómo puede evolucionar el brote, habida cuenta de que “aún no tenemos la fotografía completa sobre la situación actual” y falta información sobre los casos y sus posibles contactos.

Al igual que Barahona, coincide en que se ha aprendido de la epidemia de ébola que azotó a Guinea, Liberia y Sierra Leona dejando más de 11.000 muertos, y por eso se sabe de la importancia de aislar cuanto antes a los casos sospechosos, de confirmar si han contraído el virus y de localizar lo más rápido posible a sus eventuales contactos con el fin de “romper el círculo de contagio”.

CAMPAÑA DE VACUNACIÓN

La “gran novedad es el uso previsto de la vacuna experimental” contra el ébola, subraya, que “esperamos que tenga impacto en el control y manejo” del brote. No obstante, aclaran tanto Encinas como Barahona, no se trata de una campaña de vacunación masiva como las que se llevan a cabo contra otras enfermedades como pueden ser el cólera.

En este caso, será una campaña más selectiva de la que se espera que se beneficie en primer lugar el personal sanitario y todos aquellos trabajadores que puedan estar en contacto con los enfermos –como por ejemplo quienes entierran a las víctimas–, así como los contactos directos con los casos confirmados y los indirectos, es decir, aquellos que han estado en contacto con estos últimos.

En general, explica el responsable de MSF, se estima que en el medio rural cada caso confirmado de ébola tiene entre 60 y 80 contactos, mientras que en el medio urbano el ratio suele ser de entre 100 y 120. “Actualmente hay 20 casos confirmados, por lo que estaríamos hablando de entre 1.600 y 1.800 candidatos a ser vacunados”, señala.

No obstante, serán en último término las propias personas las que decidan si se inoculan las vacunas, después de que se les informe sobre los efectos secundarios y de que se les someta a un examen médico para comprobar que se les puede suministrar la misma, ya que no todos los candidatos reúnen las condiciones físicas, añade Barahona.

Pero para que este proceso pueda llevarse a cabo es primordial confirmar cuanto antes que los casos sospechosos son casos de ébola. Hasta ahora, solo había un laboratorio en Kinshasa que podía hacerlo, pero ya se ha instalado uno en Bikoro y se está ultimando el de Mbandaka, por lo que no hay que excluir que próximamente aparezcan nuevos casos sospechosos y confirmados, previene el coordinador de emergencias de MSF.

INFORMAR Y CONCIENCIAR A LA POBLACIÓN

La información y la concienciación de la población también son claves para frenar la propagación del mortífero virus. Es ahí donde entra fundamentalmente la labor de Oxfam, ONG especializada en agua y saneamiento y que trabajaba con anterioridad en la zona en la que se ha declarado el brote. Su equipo, al que primero se ha entrenado para protegerse frente el virus, llevará a cabo labores de información y prevención en los barrios de Mbandaka y los pueblos de los alrededores para que la población sepa “qué hacer y qué no hacer”.

Tanto Barahona como Encinas coinciden en que el Gobierno congoleño, y en particular su Ministerio de Salud, cuentan con la experiencia y saben cómo responder ante un brote de ébola. “El Gobierno entiende lo que es y los medios que hay que disponer” para hacer frente a ello, incide Encinas. Eso no quita, agrega, que el país cuenta con “un sistema de salud deficiente y caótico” en el que hay una falta de médicos y enfermeros.

En este sentido, el responsable de MSF defiende la necesidad de trabajar en acceso a la salud para evitar casos de personas que mueran por otras enfermedades, como la malaria, por temor a trasladarse a los hospitales por si tienen ébola, como ya ocurrió en África Occidental.

POSIBLES EFECTOS COLATERALES

“Si esto no se maneja bien, el impacto en términos de seguridad y de percepción puede ser brutal”, previene Encinas. “Siempre hay que estar en alerta porque el ébola viene siempre con la epidemia del pánico y también puede provocar una crisis política, económica y social incluso mayor de lo que podemos imaginar y que hay que tener en cuenta”, recomienda.

El país africano atraviesa una grave crisis política resultado de la decisión del presidente, Joseph Kabila, de no dejar el cargo cuando expiró su mandato en diciembre de 2016, si bien hay previstas inicialmente elecciones para diciembre de este año, y es también escenario de varios conflictos armados, algunos de ellos de larga data como los de los Kivus, en el este, pero también en Ituri (este) y Kasai (Sur).

“En RDC hay actualmente 13 millones de personas necesitadas de ayuda humanitaria y cuatro millones de desplazados internos, además de refugiados llegados de los países vecinos, como República Centroafricana, Sudán del Sur o Burundi”, resume el director de Oxfam en el país. “Estábamos ya en una situación difícil de gestionar y con más necesidades de las que podemos cubrir y el ébola viene a sumarse a todo ello”, lamenta.

Por eso, las organizaciones humanitarias están tratando de “no dejar de atender a las víctimas del conflicto por la situación del ébola sino intentar duplicar esfuerzos para hacer las dos cosas”, añade, reconociendo que la falta de fondos también es un reto añadido.

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