Foto: Reuters

Este sábado se ha detectado una nueva fisura en la falda del volcán Kilauea, en Hawái, ocho días después de que entrara en erupción. Miles de personas han tenido que huir de sus hogares debido a la lava, que alcanza ya alturas acumuladas de hasta 10 metros.

Las fumarolas rugen como motores a reacción y expulsan lava que ha destruido ya una decena de viviendas. Hasta el momento se han detectado 17 fisuras y el Instituto Geológico de Estados Unidos (USGS) advierte de que se podrían producir más.

El Observatorio Volcánico de Hawái, dependiente del USGS, ha advertido de que la actividad sísmica sigue siendo “elevada”. Este mismo sábado se ha registrado un terremoto de magnitud 3,5 en la escala de Richter.

Una de las últimas fisuras se ha detectado a un kilómetro y medio del cráter principal. “Está justo al lado de mi casa. Da mucho miedo”, ha relatado Haley Clinton, de 17 años, quien ha acudido a ver la fumarola acompañado de su padre, Darryl, y su hermana Jolon, de 15, “Es muy guay”, ha apostillado.

La lava de esta fisura ha formado ya un cono secundario de lava negra rojiza de unos doce metros de alto y los chorros alcanzan los 30 metros de alto.

Además, los gases que expulsa pueden ser peligrosos, y los habitantes de Hawái están intentando comprar máscaras para evitar los efectos de las cenizas y los gases tóxicos. En algunos comercios se han acabado los suministros.

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