Un total de 46 de los 52 acusados del clan de ‘El Pablo’ han aceptado esta mañana un acuerdo con la Fiscalía por el que reconocen su participación en la red de narcotráfico en La Soledat y se conforman con penas que suman 99 años y dos meses de cárcel.

Durante el juicio por narcotráfico que ha comenzado este lunes en la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Baleares, cinco acusados no han aceptado el acuerdo -a todos ellos se les imputa tráfico de cocaína-, mientras que la Fiscalía ha retirado los cargos contra otra acusada.

El cabecilla del clan, Pablo Campos Maya, más conocido como ‘El Pablo’, ha ratificado el acuerdo firmado en noviembre por el que aceptó cuatro años y medio de prisión por un delito contra la salud pública y otro de integración en grupo criminal, así como una multa de 37.000 euros. Sus dos hijos también han suscrito el acuerdo.

De los 46 acusados que han aceptado el acuerdo con Fiscalía, la mayoría ya habían firmado en noviembre y hoy se han sumado los últimos ocho.

Al mediodía, la sesión se ha suspendido y continuará este martes para celebrar el juicio contra los cinco acusados que no se han conformado. Uno de ellos, conocido como ‘El Cuco’, ha manifestado al juez que quería llegar a un pacto pero “a ver” si le podían “rebajar un poco” la condena. “Usted es el jefe”, le ha espetado al magistrado.

ESTRUCTURA ORGANIZADA

Los acusados funcionaron, al menos desde agosto de 2014 a septiembre de 2015, como una estructura organizada cuya finalidad era el “lucro proveniente de la difusión de sustancias estupefacientes -marihuana y cocaína- a terceras personas”.

La agrupación estaba dirigida por ‘El Pablo’, “bajo cuyas órdenes se encuentran todos los demás y que es el principal beneficiario de las ventas de estupefacientes”, según la Fiscalía, lo que le permitió “irse haciendo progresivamente con la práctica totalidad de las propiedades en varias calles de La Soledat”.

En estas calles tenía instalados puntos de venta de drogas, normalmente regentados por familiares suyos, con lo que creó una zona “prácticamente impermeable a la investigación policial” debido a que cualquiera que pasara por esas calles -especialmente la calle Teix- y que “no fuera del grupo o cliente era inmediatamente detectado”.

A cambio de esta protección, según el Ministerio Fiscal, todos los puntos de venta se abastecían de ‘El Pablo’ y sus principales colaboradores, sus hijos, que regentaban cada uno un punto de venta y supervisaban otros.

CONTROL DE LA SOLEDAD MEDIANTE INTIMIDACIÓN

Según el fiscal, además del control de La Soledat comprando propiedades en el barrio, la trama ejercía coerción e intimidación tanto a los vecinos de la zona como a los integrantes de los escalones más bajos de la estructura para que no denunciaran ante la Policía.

Las ganancias del negocio eran canalizadas en la compra de diversas propiedades, muchas veces puestas a nombre de terceros integrantes del grupo familiar, hechos por los que se abrió una investigación por posible blanqueo de capitales.

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