Fotos: Isabelle Sleijpen

Diego el Cigala actuó anoche en el Trui Teatrede Palma, y lo hizo como de costumbre, para no defraudar a nadie. Le trajo a nuestra tierra la gira con la que en este 2018 está celebrando el decimoquinto aniversario de la publicación de su álbum “Lágrimas Negras”.

El cantador madrileño ha afirmado en diversas ocasiones que el flamenco es un estado de ánimo y así nos lo demostró anoche, templando su portentosa presencia física con la fuerza desgarradora e incontestable de su voz, capaz de unir sin discusión a ortodoxos del flamenco con amantes de los ritmos latinos.

Más de un millar de personas se congregaron en el teatro para disfrutar de una noche mágica en la que todo funcionó según lo previsto.

En el tándem equilibrado al que ya nos tienen acostumbrados, Bruno Sotos junto a Miguel Forteza, fueron los encargados de arrancar los primeros acordes a una sala repleta de asistentes con ganas de disfrutar. Demostrando su buen gusto y su conexión con el público, estos dos mallorquines supieron ser el aperitivo perfecto para el terremoto que estaba por llegar.

Cuando el cantaor Diego el Cigala irrumpió en el escenario, no se puede negar que el púbico supo cómo recibirlo. Tal y como se esperaba, el auditorio concentrado anoche en el Trui Teatre se vino arriba para recibir al que probablemente sea uno de los cantaores de flamenco vivos más carismáticos del momento.

“Lágrimas Negras” vio la luz en el año 2003 cuando Fernando Colomo, también responsable de Calle 54, llamó a un poco conocido Diego para invitarle a cantar junto a Bebo Valdés, el gran pianista cubano con el que enseguida se produjo la magia.

Tras ese primer encuentro, y fruto de esa conexión instantánea, nació “Lágrimas negras”, el trabajo que sería calificado por el New York Times como el disco latino más importante del año.

Fueron tiempos de locura. Más de un millón de discos vendidos, un Grammy Latino, un premio Ondas, triple disco de Platino en España y la crítica internacional, que acogió el proyecto con entusiasmo y unanimidad, y que cayó rendida a sus pies.

“Lágrimas negras” ha sido, sin duda, el disco más importante en la carrera de del Cigala y el que le situó en el panorama internacional a una velocidad que no siempre supo cómo digerir. La mezcla del flamenco con la música cubana conectó a millones de personas y reinventó dos géneros que hasta ese momento vivían en universos paralelos.

De modo que qué mejor manera de rendir tributo a aquella feliz simbiosis que le llevó a explorar más allá del flamenco de la mano del genio Bebo Valdés, desaparecido hace ahora cinco años en Estocolmo. Allí acabó sus días el músico que con más de 90 años seguía tocando el piano con un virtuosismo y un talento irrepetibles.

La genialidad, como ven, no conoce etiquetas.

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