Foto: Reuters

Varios grupos de activistas han denunciado que los traficantes de personas en India están tratando de convencer a familias pobres para que envíen a sus hijos a trabajar a granjas y a fábricas ahora que acaban las clases.

Las organizaciones han pedido al Gobierno que luche contra la explotación laboral de menores durante los dos meses de las vacaciones de verano, advirtiendo de que muchos niños no vuelven a la escuela una vez comienzan a trabajar.

“Durante esta época, los parques y las tiendas locales se convierten en cotos de caza para los traficantes”, ha criticado un miembro de la ONG antitráfico de personas Misión de Justicia Internacional, Kuralamuthan Thandavarayan.

Los traficantes “averiguan donde están los niños de las familias más pobres y convencen a los padres de que es un desperdicio de tiempo permitir que sus hijos jueguen o se queden en casa cuando pueden estar ganando dinero”, ha añadido Thandavarayan.

Según estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), hay 10,1 millones de trabajadores entre 5 y 14 años en India. Más de la mitad trabajan en granjas y más de un 25 por ciento lo hacen en el sector textil, bordando ropa, tejiendo alfombras y confeccionando brazaletes.

“En muchas localidades, los captadores que buscan mano de obra barata para fábricas textiles engañan a muchos adolescentes durante las vacaciones de verano, cuando sus padres están fuera de casa trabajando,” ha explicado un miembro del Fondo para la Educación y la Transformación Social, Joseph Raj.

Otros menores se unen a sus progenitores en los hornos de ladrillos, donde trabajan durante la temporada de lluvias entre noviembre y junio. Los inmigrantes estacionales caen en ciclos de trabajo forzoso en estas factorías, según un informe de los grupos de activismo Antiesclavitud Internacional y Voluntarios para la Justicia Social.

UN FENÓMENO EN AUMENTO

El estudio incidió en que los sueldos en las fábricas de ladrillos son bajos y en que los patrones pagan al final de la temporada. Las familias se ven obligadas a poner a sus hijos a trabajar para llegar a hacer 1.000 ladrillos al día, lo que les permite obtener el sueldo mínimo.

“Los captadores se comprometen a devolver a los menores a la localidad a tiempo para que retomen las clases, el problema es que muchos no vuelven”, ha señalado un miembro del grupo activista National Adivasi Solidarity Council (NASC), Krishnan Kandasamy.

Datos del Gobierno del estado de Tamil Nadu, en el sur del país, han mostrado que casi el 30 por ciento de las 1.821 personas que fueron liberadas de los círculos de explotación laboral en 2017 eran niños. El ciclo “comienza con los menores tratando de ayudar a sus padres, pero van poco a poco asumiendo más trabajo, lo que supone más horas” en las fábricas, ha manifestado Kandasamy.

El activista ha explicado que la mayoría de las 456 personas que su organización ha rescatado en 2018 en los estados de Tamil Nadur, Karanataka y Andhra Pradesh –todos situados en el sur del país– eran niños. “Cada vez estamos encontrando a más niños en las plantaciones de mango, las granjas de jazmines, las fábricas de ladrillos y dedicados a la trapería y al ganado”, ha finalizado Kandasamy.

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