Este fin de semana, Crónica Balear, dio a conocer el caso de un hombre que paseaba a su perro por Porto Colom mientras circulaba con una furgoneta.

El coche avanzaba junto a la acera y el animal, en el exterior, seguía la marcha atado con una correa que partía de la ventanilla del conductor.

La persona que nos refirió la historia, nos explicó que ella fue testigo de como el animal se ahogaba “cuando el vehículo aceleraba. Incluso ha habido varios momentos en que el pobre perro ha caído y el tipo ha seguido la marcha arrastrándole”.

La mujer, sacó en esos momentos su teléfono móvil y gritó al conductor quien, al verse sorprendido, “se detuvo, salió del coche y -tras recoger al perro- huyó” pero aportó una descripción física del mismo: “varón que aparentaba unos 55 años de edad y de complexión fuerte”.

Era de esperar que alguien pudiera reconocer el vehículo (la matrícula no quedó lo suficientemente clara para poder ser leída) y así sucedió a los pocos minutos, cuando varios lectores señalaron que conocían a la persona y la historia no era cierta “porque ese hombre adora a su perra”.

Una de las personas que defendía la falsedad de la noticia sostenía que en ella asegurábamos que el hombre tenía unos 55 años pero “tiene 84 años” olvidándose de que la edad apuntada por la testigo es una apreciación personal, desde lejos y un error fácil de cometer por cualquiera. Por eso mismo, ya señaló “que aparentaba”, no “que tuviera”.

La argumentación en defensa de este hombre también gira en torno a que se trata de una persona operada de las dos piernas y que quiere tanto al animal “que se lo lleva a todos lados. La velocidad es mínima, 5 kilómetro por hora y la perra a su lado, disfrutando del paseo. No tiene otra manera de poder pasearla. El hombre se encuentra fatal porque ahora teme que le quiten a la perra”.

Y se ofrece voluntaria para pasear al can.

En todo caso, la persona que nos remitió la foto y explicó la situación se ha ratificado en sus palabras y es más, asegura que apunto estuvo de sufrir una colisión porque el hombre paseaba el animal ocupando el carril contrario. Una apreciación, la de la imprudencia al volante, señalada igualmente por varios de nuestros lectores.

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