El Instituto Balear de la Familia (IBFamilia) constata el aumento alarmante ( 23,4 %) en 3 años de la violencia doméstica de hijos a padres en Baleares según los datos publicados por el INE.

Así en el 2015 se produjeron 64 maltratos de hijos hacia sus padres de los cuales 21 fueron a padres y 42 a madres, en 2016 fueron un total de 75, 21 a padres y 54 a madres y en 2017 hubo 79 maltratos de los que 54 fueron hacia los padres y 24 hacia las madres.

La violencia dentro de las familias es una realidad que ha existido siempre, por desgracia, y que hoy en día sigue existiendo. Cierto es que años atrás estas situaciones quedaban escondidas en esa intimidad familiar en la que tenían lugar, y muchas veces, la violencia de padres a hijos era algo que, de tan habitual, dejaba de estar mal visto, pues se entendía como una medida de corrección o castigo hacia sus vástagos.

Centrándonos en la violencia dentro del ámbito familiar, la violencia de hijos a padres es una lacra que está en boca de todos en los últimos tiempos, y no porque sea un fenómeno nuevo, sino porque ahora se le está poniendo voz.

Que una madre o un padre denuncien públicamente que estás siendo maltratado, ya sea física o psicológicamente, por un hijo no es fácil, pues el temor a las posibles consecuencias pesa. Sin embargo, la forma de hacer frente a estos hechos, que tienen una profunda y duradera repercusión en la vida los afectados, es la denuncia. Cualquier persona que sea conocedora de una situación de posible maltrato no sólo puede, sino que debe denunciar.

Denunciar a un hijo es la última frontera. Para la vergüenza de sentirse fracasado como padre y madre en primer lugar; para el drama de convivir con un agresor a la espera de un juicio, en segundo. Psicólogos, pedagogos, educadores, políticos y hasta las familias explican que de todos los casos de violencia de hijos a padres, se denuncia una minoría. Y de esa minoría, muchas denuncias se retiran antes de llegar a juicio. Pero en muchos casos no hay denuncias. La vergüenza; la confusión del cariño con la sobreprotección; el mal rato de contarle a un agente de la Policía que se ha «fracasado» como padre y que tu hijo te da miedo

Pero de esto, se sale. Hace falta a veces denunciar, acudir a un especialista y comprometer a toda la familia en el proceso, pero se sale. El mayor hándicap es no denunciar la situación. Si cuesta denunciar a la pareja, qué no costará denunciar a un hijo.

Para comprender este tipo de violencia, debemos darnos cuenta de los cambios que están sucediendo en las familias, que no son ajenos al profundo cambio económico-social y los avatares de la época posmoderna, que está modificando enormemente su estructura y su funcionamiento unido . Por otro lado, en cada familia tenemos que observar su estructura, pensar a qué objetivos sirve la violencia, el rol que cumple cada actor en la escena familiar -el padre, la madre, hermanos, los ancestros-, la interrelación familia nuclear-familia extensa, las formas sutiles de transmisión intergeneracional y los mecanismos psíquicos muchas veces inconscientes implicados.l.

Normalmente, la violencia hacia los padres surge en la adolescencia, ya que es el momento en el que el niño psíquicamente necesita una diferenciación y separación de los padres para poder construir una identidad independiente, aunque a veces surge posteriormente en la edad adulta, cuando se invierten los roles y los hijos empiezan a cuidar de los padres, como forma de venganza o por la injusticia percibida en el cuidado de éstos.

No se puede generalizar de ninguna de las maneras, cada familia es un mundo, pero que las situaciones de violencia deben atajarse, y la única manera de evitarlas es mediante la prevención, prevención que se hace a través de la educación. No sólo cada caso es único y diferente, y, por lo tanto, cada familia es única y diferente

Ante cualquier caso de violencia dentro del seno familiar, lo más importante es buscar ayudas, ya sea institucionales o legales, y tomar todas las medidas necesarias para que esos menores no echen su vida y la de su familia a perder.

Desde IBFamilia queremos poner el foco en la permisividad social: se quiere educar sin utilizar la palabra ‘no’, sin aceptar la frustración y los niños se convierten en dictadores. La Autoridad paterna bien entendida también es amor. Apostamos por exigir con cariño a nuestros hijos.

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