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El psiquiatra forense José Carlos Fuertes, ha señalado que es “probable” que el hombre conocido como el violador de La Verneda, Gregorio Cano, que este jueves ha sido puesto en libertad tras cumplir 20 años de cárcel, vuelva a reincidir y viole de nuevo, y ha destacado que “no está en condiciones en absoluto ni para estar solo, ni para llevar una vida libre, ni para estar al albur de sus impulsos”.

En declaraciones a Europa Press TV, el psiquiatra ha explicado que a pesar de que dejar a Cano en libertad es una “temeridad”, no queda más remedio, ya que hay que asumir lo que dicta la ley a pesar de que se trate de “una persona peligrosa y conflictiva”.

Para el doctor Fuertes, determinados individuos que adolecen de psicopatías, con conductas agresivas y parafílicas –es decir, con desviaciones sexuales–, “no cambian” tras un haber pasado un periodo en un sistema penitenciario, porque se trata de personas “irrecuperables”. En el caso concreto de Cano, el psiquiatra ha comentado que basta con que regrese a su entorno social, entre en redes sociales y consuma alcohol para que “vuelva a violar”.

TERAPIA INDIVIDUAL Y TRATAMIENTO AMBULATORIO.

Para Fuertes, la terapia grupal que se aplica en instituciones penitenciarias debe ser una terapia complementaria que no puede sustituir a la individual. A su juicio, el sujeto primero debe asumir la situación, ser consciente del problema y ya en una fase dos o tres, pasar a una terapia grupal.

Ahora, el violador de La Verneda “es absolutamente libre y no tiene por qué someterse a ningún tipo de vigilancia especial”. Fuertes señala que lo ideal sería “no tener que esperar a que delinca” para volver a encarcelarlo, y aboga por “poder utilizar tratamientos médicos, psiquiátricos y psicológicos que permitan disminuir su pulsividad”. “Hay que disminuir su tendencia al descontrol sexual, mejorar su autoestima y permitir que esta persona reciba el tratamiento adecuado en una sociedad que se dice civilizada”, ha matizado.

Por otro lado, el psiquiatra ha señalado no ser partidario de la castración química, ya que no siempre es eficaz debido a que detrás de “muchos de los delitos contra la libertad sexual lo que hay son conductas agresivas, sádicas”. A su juicio, “sería más correcto usar una camisa de fuerza química” que controle la voluntad del sujeto, limite sus acciones y “le suponga un alivio”.

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