La presencia de multitud de animales campando a sus anchas a la entrada del PAC de Villafranca no puede sino considerarse como una grave imprudencia sanitaria, ya que pone en riesgo la salud de determinados usuarios.

En realidad, no son los animales en sí los que suponen un riesgo sino la cantidad de orines y heces de gatos que acaban acumulándose a lo largo del día en lo que es la zona de acceso al interior del PAC y que convierten el sitio en caldo de cultivo ideal para multitud de gérmenes y bacterias (especialmente con la llegada del calor).

Bacterias y gérmenes que suponen una grave amenaza para pacientes inmunodeprimidos o para las mujeres embarazadas ya que en las heces de los gatos al aire libre puede estar presente un concreto parásito, el toxoplasma gondii, responsable de un tipo de infección de sangre de carácter grave y que se conoce como toxoplasmosis.

Es cierto que hay millones de personas en el mundo portadoras del toxoplasma gondii que, ni tienen síntomas ni llegarán siquiera a desarrollar la enfermedad, pero este parásito sí es muy peligroso para aquellos pacientes con sistemas inmunológicos debilitados y para los bebés de madres que se hayan contagiado durante el periodo de gestación pues la madre transmite el parásito al feto vía placentaria y puede provocar lesiones muy graves en diversos órganos (como por ejemplo ceguera, sordera o lesiones cerebrales).

Alarmante resulta también el hecho de que el número de gatos aumente por momentos en parte, nos asegura un vecino de la localidad que prefiere mantenerse en el anonimato, “porque hay gente que les da de comer y les pone recipientes de agua, lo que hace que cada vez aparezcan más”.

Una alfombra de orines, heces, pelos, plumas, restos orgánicos y comida que acompañan a los usuarios del PAC a la entrada y a la salida del mismo sin que nadie parezca haberse percatado del riesgo que ello implica.

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