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La hasta hoy presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, que se situó hace tres años como el ‘mirlo blanco’ del PP y gran esperanza de la formación para emprender un tiempo nuevo, ha acabado este miércoles dimitiendo cercada por la polémica de su máster en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (URJC) y la publicación de un vídeo en la que se la habría pillado robando en un supermercado en 2011.

Nacida en 1964, la dirigente madrileña se afilió a Alianza Popular cuando tenía tan sólo 16 años y poco a poco consiguió ser una de las figuras más reconocidas del partido. Funcionaria de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) por oposición, fue desde 1991 a 2002 diputada de la Asamblea, seis legislaturas en las que desempeñó más de una decena de cargos, al tiempo que ostentaba responsabilidades en el seno el PP de Madrid.

Sin embargo, no fue hasta su nombramiento como delegada del Gobierno en Madrid en 2012 cuando su protagonismo aumentó. Cuando llegó al cargo algunos la tacharon de ser ‘la roja del PP’ porque reconoció que era agnóstica, republicana, favorable al matrimonio homosexual y contraria a la frustrada reforma del aborto de Alberto Ruiz-Gallardón. Además, destacaba por usar frecuentemente las redes sociales.

Cifuentes llegó a la sede de la Delegación del Gobierno en Madrid, en la calle Miguel Ángel, en los últimos coletazos del movimiento 15-M y durante sus años al frente lidió con más de 10.000 manifestaciones. También atajó una época de escraches y llegó a sufrir uno cuando iba a la compra.

En esta época, concretamente en 2013, sufrió un accidente cuando conducía con su moto por el Paseo de la Castellana, debatiéndose durante varios días entre la vida y la muerte. De hecho, este suceso supuso para ella renacer y plantearse que en la vida no se podía pensar en el futuro, recurriendo a menudo a su famosa frase de ‘Cuando llegue ese río, cruzaremos ese puente’.

La dirigente madrileña resistió y volvió a la vida política meses después, momentos en los que planeaba sobre ella el saltó que podría dar de cara a las elecciones de 2015. Dos meses antes de los comicios fue nombrada candidata del PP a la Presidencia, provocando el malestar en el entorno ‘aguirrista’, que había apostado por Ignacio González como el cabeza de lista.

A toro pasado, Cifuentes ha sostenido que fue una campaña con pocos medios, al no contar con el beneplácito del partido en Madrid, pero muy trabajada por ella y su equipo. De hecho, tuvo que poner al mal tiempo buena cara porque formaba tándem con la que fuera presidenta de la Comunidad durante dos legislaturas y media, Esperanza Aguirre, candidata a la Alcaldía de la capital.

GANAR Y PACTAR

En mayo de 2015, Cifuentes logró la mayoría de los votos, pero se vio obligada a pactar para gobernar. Fue Cs quien le abrió las puertas de la Real Casa de Correos con un acuerdo de investidura que recogía como principal medida la “separación inmediata de cualquier cargo público que haya sido imputado”.

Este cuestión ha hecho que hayan sido varios los ‘populares’ que han tenido que renunciar a su acta y que se haya tenido que recurrir al diputado número 71 de la lista. Cifuentes reconoció en alguna ocasión que no sentía “como suya” la misma porque había sido configurada por el PP de Aguirre. Así, han sido 21 los diputados perdidos, entre ellos los investigados Daniel Ortiz o Josefa Aguado.

Ante la corrupción se ha mostrado tajante y como repetía, tenía “tolerancia cero”. Lo demostró sin titubeos con la personación de la Comunidad en las tramas Púnica y Lezo. Por este último caso acabaría siendo detenido González, tras remitir el Gobierno regional a la Fiscalía la gestión del Canal de Isabel II.

De hecho, ella sigue manteniendo que parte de la “campaña” que ha sufrido en el último mes y medio tenía que ver con su intención de “limpiar” las instituciones.

PRESIDENCIA DEL PP DE MADRID

Tras casi dos años al frente de la Comunidad, en marzo de 2017 llegó el turno de hacerse con la Presidencia del PP de Madrid, después de dirigirla como gestora tras la salida de Aguirre, que se vio obligada cercada por los casos de corrupción que afectaban a los que habían sido sus hombres de confianza, González y Francisco Granados.

Se rodeó de su ‘núcleo duro’, algunos ya formaban parte de su Ejecutivo. Destacan el consejero de Presidencia y Justicia, Ángel Garrido, o el exalcalde de Torrejón de Ardoz y consejero de Medio Ambiente tras la remodelación del Gobierno a mediados de Legislatura, Pedro Rollán. Tampoco dudó en incluir a Jaime González Taboada, consejero que tuvo que relegar del cargo por las informaciones que lo vinculaban presuntamente con la trama Púnica.

CONTRATO DE LA CAFETERÍA

Meses después, Cifuentes tuvo que afrontar uno de los momentos más tensos al frente de la Comunidad. Compareció en la comisión de investigación de la Asamblea sobre corrupción política a consecuencia de las presuntas irregularidades en la licitación del contrato de la cafetería del Parlamento, cuando era vicepresidenta de la Cámara regional. Este contrato se encuentra investigado en el marco de la trama Púnica.

Esta comparecencia llevó a Podemos a presentar una moción de censura contra ella que no salió adelante por la abstención de PSOE y los votos en contra de PP y Ciudadanos.

Posteriormente, anunciaría uno de las grandes proyectos de la Legislatura: la unión entre las estaciones de Metro de Gran Vía con Sol. Este se sumaría a otras medidas ya puestas en marcha como el abono de transportes joven a 20 euros, la despolitización de Telemadrid o el Pacto Regional por la Cañada Real. También ha presumido de su política de bajada de impuestos y de la caída del paro.

TENSA RELACIÓN CON CS

Desde el ‘rifirrafe’ que Cifuentes tuvo con el portavoz adjunto de la formación de Cs, César Zafra, durante la comisión de corrupción y las posiciones encontradas por llevarse el mérito de los acuerdos en los presupuestos, la relación con su socio de investidura comenzó a flaquear.

El tenso cruce de declaraciones aumentó tras la pérdida de la providencia del juez que autorizaba la remisión de las actas del Canal a la oposición. Cs se alineó con Podemos y PSOE y pidió, aunque luego se echó atrás, la comparecencia de la dirigente. Desde el Ejecutivo les calificaron como “el tonto útil de la izquierda” y tacharon de “vergonzosa” su forma de hacer política.

La situación empeoró cuando Francisco Granados la acusó de ser conocedora de la presunta financiación irregular del partido. La oposición volvió a unirse para solicitar su comparecencia, que acabaría produciéndose en el seno del Congreso de los Diputados el 20 de marzo.

Tan solo pocas horas después el equipo de la presidenta recibió una llamada de ‘eldiario.es’ que la avisaba de la información que se publicaría al día siguiente sobre el máster que realizó en el curso 2011-2012: sus notas estarían falsificadas.

Desde entonces, ha sido mes y medio en los que han pedido la dimisión de la presidenta por “mentir” y en los que ella ha dicho por activa y por pasiva que no lo iba a hacer porque no había cometido ilegalidades, lo que “obligó” al PSOE a presentar otra moción de censura. Ciudadanos ya advirtió de que o daba un paso atrás o apoyaría a los socialistas.

Durante este tiempo, en ‘Genova’ las posiciones han sido encontradas, y empezaron a salir las voces que apuntaban que Cifuentes debería abandonar para no perjudicar al partido y perder un feudo clave para el PP como es Madrid.

Finalmente, a la moción, la que sería su segunda en menos de dos años, no va a tener que hacer frente porque un vídeo en la que se la habría pillado hurtando dos cosméticos en un supermercado ha acelerado su salida por la puerta de atrás.

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