Foto: Reuters

El Consejo de Seguridad de la ONU debería estar convencido de la necesidad de una tregua en el enclave asediado de Ghuta Oriental, donde al menos 370 personas han muerto en los últimos días, ha sostenido este jueves el coordinador humanitario de la ONU para la crisis en Siria, Panos Moumtzis.

“Tras todas las imágenes que han llegado de Ghuta Oriental en las últimas 72 horas, si esto no va a convencer a los miembros del Consejo de la necesidad de un alto el fuego, honestamente no sabemos qué es lo que les convencería”, ha subrayado Moumtzis.

“Parece como si nadie estuviera escuchando, no hay reacción, no hay fuerza política y capacidad de influir, de poner fin a una ofensiva extrema que está afectando a los civiles”, ha declarado a Reuters vía Skype desde Kuwait.

Según Moumtzis, unos 390.000 civiles están atrapados y temen arriesgarse a salir de sus casas, mientras que el agua, la comida y la electricidad se han agotado. En una zona, Harasta, el 80 por ciento de la población está viviendo en sótanos. La mitad de la población son niños, ha subrayado.

El enclave ha estado asediado por las fuerzas gubernamentales sirias desde 2013, pero han intensificado masivamente sus ataques este año y se están produciendo con “minutos de diferencia” bombardeos aéros, ha precisado Moumtzis.

Si hubiera un alto el fuego, la ONU podría entrar con comida y suministros médicos que están a solo unos minutos de distancia, y evacuar a los enfermos críticos y heridos, pero el Gobierno sirio no ha dado la autorización para un convoy de ayuda, ha lamentado.

No hay planes para una evacuación masiva, que solo podría hacerse voluntariamente, en parte porque no hay donde ir. Las personas de varios asedios anteriores fueron evacuadas a la provincia de Idlib, que ahora está congestionada, con más de 350.000 desplazados desde diciembre. Además es zona de guerra, ya que está en marcha una ofensiva gubernamental contra los rebeldes.

“Si esto continúa potencialmente podríamos tener dos millones de personas bloqueadas en la frontera con Turquía”, ha alertado Moumtzis. También hay más de 500.000 desplazados más en torno a Raqqa, que fue reconquistada el año pasado a Estado Islámico. Pese al riesgo de las minas y los artefactos sin explotar, unas 60.000 personas han regresado. Según Moumtzis, hay unas 50 o 70 víctimas cada semana en Raqqa.

AL MENOS 373 MUERTOS DESDE EL DOMINGO

Al menos 373 personas han muerto, entre ellas 90 niños y 56 mujeres, desde que el domingo pasado el Gobierno sirio intensificó los bombardeos sobre el enclave de Ghuta Oriental, situado en los alrededores de Damasco y controlado por los rebeldes, según el último recuento del Observatorio Sirio para los Derechos Humanos.

De acuerdo con este organismo, con sede en Londres y una red de informadores en Siria, además de los muertos hay al menos 1.870 heridos y decenas de personas desaparecidas bajo los escombros provocados por los bombardeos aéreos, con cohetes y artillería, de los últimos cinco días. Muchos de los heridos, ha precisado, se encuentran en estado grave por lo que el balance podría aumentar.

El lunes y el martes han sido hasta el momento los dos días con más víctimas, con 128 y 127 respectivamente, seguidos por el miércoles, cuando hubo 77. El domingo, cuando comenzaron los bombardeos, se contabilizaron 17 muertos, mientras que en lo que va de jueves el Observatorio ha registrado al menos 24 fallecidos, entre ellos tres niños y tres mujeres.

Por otra parte, el Observatorio ha denunciado que al menos diez hospitales y centros médicos han quedado fuera de servicio como resultado de los bombardeos contra distintas localidades de Ghuta Oriental, como Duma, Saqba o Arbin, lo que ha deteriorado aún más la ya de por sí complicada situación de la atención médica en el enclave.

Un residente ha denunciado, en declaraciones al Observatorio, que “aquellos que no mueren por los misiles del régimen, los proyectiles y los bombardeos de sus aviones y los rusos morirán de hambre”.

Ghuta Oriental es objeto del asedio de las fuerzas gubernamentales desde 2013. La ONU estima que cerca de 400.000 personas viven atrapadas en el enclave, situado a pocos kilómetros de Damasco. Según el Observatorio, los precios de los pocos alimentos disponibles se están disparando, al igual que los del combustible.

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