Foto: Reuters

El presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, ha advertido este miércoles de que prohibirá que trabajadores filipinos vayan a Kuwait y retirará a aquellos que tienen un empleo allí si otro empleado del hogar es violado y asesinado.

Esta ha sido la segunda vez que el mandatario ha expresado su furia en menos de una semana sobre el supuesto abuso que sufren los empleados filipinos en Kuwait. El presidente afirma que se abusa sexualmente y se hace pasar hambre a los trabajadores filipinos con sueldos más bajos en el país árabe. Duterte ha dejado claro que Kuwait es un aliado, pero que no se tolerarán los abusos. “Espero que se me escuche. Puede que necesitemos vuestra ayuda, pero no la aceptaremos si el coste es la dignidad de los filipinos”, ha declarado.

Duterte ha pedido a los gobiernos de Kuwait y de otros países de Oriente Próximo, donde trabajan más de un millón de filipinos, que tomen las medidas necesarias para acabar con esta violencia y que tratan a los ciudadanos de su país “como seres humanos con dignidad”.

“Espero que ésta no sea una salida de tono diplomática. Pero si se produce otro incidente de este estilo… voy a lanzar una prohibición”, ha sugerido el líder filipino en un discurso, antes de ponerse en marcha para ir a una cumbre regional en la India. “Y lo siento, pero los filipinos que estén allí podéis volver a casa. También lo van a pasar mal si se tienen que adaptar a vuestra ausencia”.

El viernes, un día después de que Duterte declarara que varios empleados del hogar se habían suicidado por el abuso al que había tenido que hacer frente, el Ministerio del Trabajo filipino suspendió el envío de trabajadores a Kuwait. El país ha expresado su sorpresa y ha dicho que se ha puesto en contacto con Manila para tratar de resolver el problema.

Según estimaciones del Ministerio de Exteriores de Duterte, más de 250.000 filipinos trabajan en Kuwait, la mayoría de ellos como empleados del hogar. También hay grandes comunidades de filipinos en Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Qatar. Las remesas de filipinos que viven en el extranjero suponen más de 2.000 millones de dólares al mes, lo que mantiene una demanda interna fuerte en la que es una de las economías que más rápido están creciendo a nivel mundial.

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