En España se diagnostican cada año unos 1.100 nuevos casos de cáncer en niños menores de 15 años, pero la supervivencia ha mejorado en los últimos años y se eleva ya hasta un 77 por ciento después de 5 años, según datos de la Sociedad Española de Oncología Radioterápica (SEOR). Y en algunos tumores, como el hepatoblastoma, llega incluso al 83 por ciento.

Con motivo del Día Nacional del Cáncer Infantil que se celebra este jueves, 21 de diciembre, esta sociedad científica recuerda que en la población pediátrica el cáncer es una enfermedad “rara”, dada su mayor incidencia en comparación con la edad adulta. Pero, pese a ello, es la segunda causa de muerte por detrás de los accidentes de tráfico o las intoxicaciones.

Por grupos de edad, los niños entre 1 y 4 años son los que más padecen cáncer, seguidos de 5 a 9 años, y es un poco más frecuente en niños que en niñas, ha apuntado el coordinador del Grupo de Oncología Pediátrica de SEOR, Marta Lloret.

Y por tipo de tumor, la leucemia, los tumores del sistema nervioso central y los linfomas son por este orden los tumores más frecuentes y representan más del 60 por ciento de los casos diagnosticados. Y en los dos primeros casos, la supervivencia está algo por debajo de la media, ya que un 60 y un 67 por ciento respectivamente siguen vivos 5 años después del diagnóstico.

Al abordar la incidencia del cáncer infantil, la doctora Lloret ha precisado que los tumores en el niño son diferentes a los del adulto, ya que en la mayoría de casos están causados por trastornos genéticos.

“El niño es sano por definición por lo que cuando el cáncer aparece es causa de alteraciones genéticas principalmente, a diferencia del adulto en el que determinados hábitos de vida relacionados con la alimentación, el tabaco, el sol pueden facilitar el desarrollo de la enfermedad”, ha precisado.

En lo que respecta al tratamiento de la enfermedad propiamente dicho, su abordaje multidisciplinar a través de Unidades de Onco-Hematología Infantil es esencial para garantizar la asistencia adecuada y conseguir los mejores resultados, “minimizando los efectos secundarios tardíos en niños y adolescentes que padecen un cáncer”.

Además, las terapias han evolucionado en los últimos años y permiten “aumentar el control de la enfermedad y la supervivencia”. Los principales siguen siendo la cirugía, la quimioterapia y la radioterapia, y generalmente se utilizan de forma combinada “para intentar conseguir los mejores resultados con la menor repercusión en el desarrollo futuro del niño”, ha apuntado.

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