Foto: Reuters

La organización no gubernamental Save the Children ha exigido al Gobierno de Afganistán que prohíba y ponga fin al castigo físico contra los alumnos en los centros educativos después de que un estudiante de secundaria muriera víctima de esta práctica en un colegio del norte del país.

“Es desgarrador que sucedan casos como este. El colegio es un lugar donde los niños deberían estar seguros y protegidos, sin temer por sus vidas”, ha explicado el director de Save the Children en Afganistán, Onno van Manen.

Save the Children ha subrayado que, a pesar de que la legislación afgana prohíbe el castigo físico a los niños en las escuelas, los problemas persisten en su aplicación. “La muerte de este niño es un ejemplo extremo de lo que puede suceder cuando se permite que el castigo corporal continúe a pesar de que la ley diga lo contrario”, ha señalado Van Manen.

“Tristemente, sabemos que esta situación no es un hecho aislado. La violencia como forma de castigo es muy común en muchas escuelas y hogares en Afganistán y debe detenerse”, ha asegurado el responsable de Save the Children en Afganistán.

En su opinión, “no se puede tolerar la violencia en la escuela de ninguna manera. “Save the Children insta al Gobierno afgano a trabajar junto con todas las partes implicadas para poner fin al castigo corporal”, ha afirmado.

El director de Save the Children en Afganistán ha subrayado la importancia de que el Ministerio de Educación “garantice que las escuelas afganas sean un lugar seguro para todos los niños y trabaje con profesores y padres para evitar el uso de cualquier forma de violencia física”.

“La violencia no solo causa daño físico y emocional a un niño sino que también puede afectar a su bienestar y desarrollo a largo plazo”, ha alertado Van Manen. En agosto, Save the Children publicó un estudio que pone de manifiesto los alarmantes niveles de violencia, abuso y abandono que aún sufren los niños en Afganistán.

El documento analizó las actitudes hacia la violencia y las prácticas dañinas contra los niños en cinco provincias de Afganistán, incluida una encuesta a casi 1.100 niños, padres, cuidadores y trabajadores de protección infantil.

Los resultados de este análisis revelaban, entre otras cuestiones, que nueve de cada diez niños habían experimentado alguna forma de violencia; el 40 por ciento habían recibido patadas, el 21 por ciento habían sufrido intentos de estrangulamientos y el 15 por ciento habían sufrido quemaduras o humillaciones. El estudio también señalaba que cuatro de cada diez adultos apoyan que los niños deben ser castigados físicamente para poder ser criados o educados adecuadamente

“El estudio mostró que los niños afganos están expuestos a altos niveles de violencia desde una edad muy temprana, lo que no solo obstaculiza su desarrollo físico y emocional, sino que también aumenta la probabilidad de que usen la violencia cuando sean adultos”, ha señalado Van Manen.

“Es un círculo vicioso que causa un daño tremendo a los niños en todo el país, muchos de ellos ya viven en un contexto desafiante y a menudo inseguro. Los niños deben ser apoyados y protegidos por sus familias, comunidades y maestros para que puedan disfrutar de una infancia segura y feliz”, ha concluido.

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