Fotos: Isabelle Sleijpen

Roberto Iniesta, “el Robe de toda la vida”, el compositor y guitarrista del mítico grupo de rock Extremoduro actuó en la noche del sábado en el Auditorium de Palma. El concierto estaba previsto para que se hubiese celebrado este verano en Calvià pero razones logísticas lo hicieron imposible.

Había más de un millar de personas esperando a Robe que pertenecían a dos generaciones ya que el artista extremeño lleva más de treinta años sobre los escenarios.

Y ocurre que, como afortunadamente podemos ver en tantas ocasiones en cantantes que han sido tan transgresores, la edad y la madurez les crean la necesidad de bajar el ritmo pero no la intensidad, de buscar lenguajes más intimistas y poéticos para seguir contando de manera cruda cómo ven el mundo. En el caso de Robe, este giro hubiese sido inimaginable cuando hace veinte años despedía todos sus conciertos con un “iros a tomar por culo”, tema que quedaría casi como himno de sus seguidores.

Hubo un potente dispositivo de seguridad ya que Robe no permite que se grabe con el móvil ni que se hagan fotografías durante sus conciertos. ¿La razón?, muy sencilla, él cree que una persona que paga una entrada y acude a un concierto es porque en ese lugar va a sentir cosas, es donde vivir una experiencia única y sentir una catarsis colectiva, y lógicamente, esta experiencia te la pierdes si te dedicas a grabarla en vez de vivirla o hay alguien que te molesta mientras lo hace.

Se tomó la molestia de explicarlo ampliamente en su página de Facebook, de modo que la gente sabía a qué iba. Aun así, las personas del equipo de seguridad estuvieron vigilando el seguimiento de las medidas impuestas, siempre con la mayor educación y amabilidad de modo que el público respetó sin oposición la decisión del artista.

Robe, espontáneo, imprevisible y sin pelos en la lengua como siempre se dio cuenta hace un par de años de que había canciones que se le habían quedado sin cantar porque no encajaban en el ritmo de Extremoduro y otras tantas que le apetecía escribir. De modo que fue así como comenzó su camino fuera de Extremoduro y en 2015 lanza su primer trabajo en solitario “Lo que aletea en nuestras cabezas”, que enseguida fue disco de oro.

Un año más tarde publica “Destrozares, canciones para el final de los tiempos”, y con el que está a punto de terminar su gira 2017 “Bienvenidos al temporal”.

Ahora no salta sobre escenarios de polideportivos, ahora canta sentado en teatros, y ha incorporado instrumentos impensables en su etapa de Extremoduro tales como el violín, el clarinete, el acordeón o el piano, minimizando la fuerza de las guitarras y la batería. Tiene pinta de haber vuelto bastantes veces del abismo y prueba de ello son las letras de su segundo disco: tristes, profundas, pesimistas, desgarradoras y veraces. Su música ahora es más íntima pero no menos intensa mientras sus letras son duras pero no dejan indiferente a nadie.

Robe, genio y figura.

 

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