Govern

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, ha señalado este lunes que el Estado quiere a una Cataluña sumisa y que acate órdenes: “El Estado español ya ha hecho saber qué Cataluña quiere: disminuida y humillada. Una Cataluña que acepte sin chillar su vergonzante falta de inversión o su insostenible déficit fiscal y su constante disminución del autogobierno”.

“Una Cataluña que si alza demasiado la voz, se la castiga y se la agrede. O se le perjudica deliberadamente su capacidad económica. Y que si incluso así sigue alzando la voz, una Cataluña suspendida, en la que la voluntad de los ciudadanos no cuenta, y donde se pueda cesar al Govern y al Parlament a pesar de tener el apoyo indiscutible de la ciudadanía”, ha añadido.

Asimismo, el presidente catalán ha remarcado que un empresario “nunca enviaría a la policía a pegar a sus clientes” que han dejado de comprar sus productos, en referencia a las cargas policiales que tuvieron lugar durante la jornada de referéndum del 1 de octubre.

Así lo ha dicho en la XXIII Nit de l’Empresari organizada por Cecot en el Teatre Nacional de Cataluña, donde ha sido largamente ovacionado a su entrada al recinto y durante su discurso, interpretando lo sucedido en el 1-O y el trato que el Estado da a Cataluña en el ámbito empresarial: “No se puede retener a los clientes por la fuerza ni contra su voluntad”.

“Como país, y como muchas empresas, no se ha llegado aquí por conjunción de azar, sino que se ha llegado claramente por la fuerza de la gente”, ha dicho el presidente de la Generalitat, y ha mantenido la apuesta por el diálogo y la mediación hasta el último momento.

CRÍTICAS A EUROPA

El presidente del Govern también ha criticado la postura de la Unión Europea en el conflicto entre Gobierno y Generalitat, y ha insinuado que Europa tiene más de una cara: “Tolera la unilateralidad de no acoger refugiados y de incumplir la construcción del Corredor Mediterráneo. Esta Europa no es la que gusta y corre el riesgo de convertirse en una carcasa vacía”.

“Encontramos insostenibilidad, desinterés e insolidaridad cuando en la carta fundacional de los derechos humanos todo esto aparece”, y ha asegurado que la sociedad se está alejando de aquellos modelos que son capaces de traspasar el Estado de derecho para asegurar su ‘status quo’.

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