Foto: Reuters

Cientos de personas han escapado en las últimas horas de Raqqa, la autoproclamada capital del califato de Estado Islámico, aprovechando los enfrentamientos entre las milicias kurdoárabes y los integrantes de la organización yihadista, que están usando a la población civil como escudos humanos y están perpetrando una campaña de atrocidades mientras familias enteras sufren bajo fuertes bombardeos de la coalición internacional.

“Mi mujer, mi madre, mi madre y otros 14 familiares están muertos. Sus cuerpos están bajo los escombros de un edificio”, ha lamentado el joven Abdulá Alí, cuyo edificio fue destruido hace una semana en el barrio de Abdo Husein, en el centro de Raqqa. Otro edificio, con medio centenar de personas en su interior, también ha sido arrasado por los ataques.

Aunque las milicias kurdoárabes de las FDS (Fuerzas Democráticas Sirias) habían asegurado que Raqqa sería liberada por completo esta semana, todavía quedan en la ciudad cientos de combatientes de Estado Islámico, que tienen como rehenes — según la coalición internacional — a otros cientos de personas en dos de sus últimos reductos: un hospital y el estadio de la ciudad.

Cientos de civiles aprovecharon las hostilidades para escapar ayer jueves, y han denunciado un panorama de atrocidades. “Estado Islámico ha ejecutado a todos los que ha capturado mientras intentaban huir. He visto con mis propios ojos cómo mataban a un niño de dos años”, ha lamentado Umm Musa, de 38 años.

Los residentes han descrito además durísimas condiciones de vida para la población civil, carente de agua, comida e instalaciones médicas reservadas para los yihadistas. “Estado Islámico tiene clínicas, nosotros no”, ha declarado Husein.

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