Bartolomé Cursach

El auto de prisión de Bartolomé Cursach y Bartolomé Sbert, cuyo contenido se ha comenzado a conocer este lunes, tras el levantamiento del secreto del sumario, relata que el Grupo Cursach llevaba “comprando” a policías para extorsionar a sus competidores desde el 1985-1986.

Según se puede leer en este auto, que consta de 452 páginas y cuyo sumario tiene 85 tomos, la táctica de Cursach, basada en la “extorsión sistemática” a sus competidores, valiéndose de policías “comprados”, se remonta al menos a estos años, fecha en la que un agente de la Policía Local investigó estos hechos e incluso elaboró un informe “donde reflejaba con detalle dichas prácticas”.

En el auto se dice que los hechos descritos por este agente que se remontan hace unos 20 años “son un calco” de los que “indiciariamente se ha demostrado” tanto en esta pieza como en la denominada ‘Policías’, y “desde luego da plena y absoluta credibilidad”, según el juez, a lo denunciado por distintos empresarios y agentes de Policía.

Así, el agente explicaba que a cambio de casi doblar el sueldo a los agentes “comprados” por Cursach, estos daban palizas a los tiqueteros extranjeros que después eran detenidos por el Grupo de Extranjería, y finalmente eran expulsados del país, al tiempo que “a la Discoteca para la que trabajaban era severamente multada”.

Según el auto, estos agentes eran agasajados con fiestas privadas en las que había cocaína, alcohol y mujeres, por ejemplo en la discoteca Kiss, que fue cerrada para los policías que trabajaban para Cursach.

Asimismo, dos agentes, uno de ellos investigado en la pieza ‘policías’ utilizaba, según se puede leer en el escrito del juez instructor del caso, Manuel Penalva, “un vehículo dotado de un equipo de transmisiones para efectuar labores de vigilancia en beneficio de Cursach”.

También se resalta que había “diferente trato recibido por Cursach y el resto de empresarios por parte de la Policía, pues cuando el primero denunciaba a tiqueteros de la competencia, acudían rápidamente, mientras que cuando era los suyos los denunciados, la Policía se excusaba en que tenían mucho trabajo para no acudir”. Asimismo, se relata que “algunos agentes se quedaban con el dinero de los ‘trileros’.

Con esto, se recogen conversaciones -ya en la actualidad-, entre el directivo del grupo, Bartolomé Sbert y Bartolomé Cursach hijo en las que quedarían reflejadas maniobras para cerrar los accesos a la Plaza Pitïuses (Magaluf), con “el fin de arruinar” a los competidores de la zonas u otro tipo de iniciativas en perjuicio de empresarios de la zona.

Por otra parte, según un informe de diciembre de 2016, se refleja que la mayoría de actas sancionadoras levantadas por los agentes de Policía, no son en su mayoría tramitadas policialmente (únicamente un 12,50%, frente al 57,78%, 61,11% o 100% que afecta a otros grupos y empresas).

De esta manera, a las que se daba curso y pasaban a ser competencia del Ayuntamiento de Palma solo un 7,95% generaban expedientes sancionadores para Cursach mientras que para otras empresas y grupos los porcentajes son del 46,67%, 77,78% y 75% respectivamente.

Cursach sospechaba que le habían intervenido el teléfono meses antes de su detención

El empresario Bartolomé Cursach sospechaba que su teléfono había sido intervenido meses antes de que fuera detenido y enviado a prisión, según recoge el auto completo de prisión de los directivos del Grupo Cursach, que se ha conocido tras levantarse el secreto que pesaba sobre la causa.

Así lo ponen de manifiesto diferentes expresiones que el empresario utilizaba en conversaciones que, efectivamente, habían sido intervenidas por los investigadores.

En el auto, el juez instructor, Manuel Penalva, destaca las “excepcionales medidas de seguridad” que adoptaban los investigados al manifestar “repetidamente” la “inconveniencia de no hablar por teléfono por temor de que puedan ser escuchados”.

El empresario no era el único investigado en la causa sobre la presunta trama corrupta en la Policía Local de Palma que sospechaba de los pinchazos telefónicos. “Al loro con el teléfono”, le espeta un empleado del grupo a otro en una conversación en la que se evidenciaban contactos con miembros de la Guardia Civil y la Policía Local de Calvià.

Por ejemplo, en una conversación intervenida de julio del año pasado, uno de los abogados que actualmente trabaja en la defensa legal del empresario llamó al directivo investigado Bartolomé Sbert y éste le soltó: “Que no por teléfono”.

Otro de los pinchazos telefónicos de la investigación revela el contacto directo de Cursach con un funcionario del Ayuntamiento también investigado en la trama por su presunto trato de favor al Grupo. En mitad de una conversación sobre un informe favorable a los intereses de la empresa, Cursach corta a su interlocutor y dice “ya está, por teléfono mejor no, no aclarar demasiado el tema”. “Bueno”, responde el funcionario. “¿Sabes qué te quiero decir?”, concluye el empresario.

Cursach también adoptó esta precaución en una conversación telefónica con su mujer en la que hablaban de un importante exceso de aforo en una de las discotecas del grupo. “Ya te lo contaré en otro momento, por teléfono no te lo quiero contar”, le dijo.

El auto también recoge un mensaje de texto de Sbert a Cursach en el que le explica que por teléfono prefiere no hablar demasiado y que por eso ha “cortado” una conversación anterior, hecho por el que pide disculpas.

En otras ocasiones, algunos de los investigados, entre ellos policías locales, evitaban utilizar sus teléfonos oficiales por miedo a que estuvieran intervenidos.

CONSTATARON EL CAMBIO DE ACTITUD EN LA POLICÍA TRAS INICIARSE LA INVESTIGACIÓN

Las conversaciones telefónicas intervenidas también desvelan que los investigados constataron un cambio de actitud en la Policía Local después de que se iniciara la investigación.

En agosto de 2015, el ex policía Antonio Bergas y el directivo del grupo Bartolomé Sbert mantuvieron una conversación en la que reconocían que la Policía había cambiado totalmente “respecto a la actitud de complicidad y condescendencia que antaño mantenían”, según apunta el juez.

“Después de todo lo que ha pasado con el juzgado, ahora todos nos buscan”, le dijo Bergas a Sbert, a lo que éste manifestó su intención de transmitirle a un funcionario del Ayuntamiento que “desde que ha pasado esto con el juez, la Policía ha cambiado al cien por cien”.

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