Foto: Reuters

En torno a 220 civiles y miembros de las fuerzas de seguridad han muerto en los atentados con bomba y ataques registrados esta semana en Afganistán, donde los insurgentes han escrito una página negra de violencia en mezquitas, carreteras y academias militares.

Los ataques de los últimos siete días han recordado a la población la debilidad de los servicios de inteligencia afganos. “Estamos en un momento muy bajo, en este sentido, y por desgracia nuestros enemigos están infiltrados en las instituciones de seguridad”, ha declarado el ex militar Jawed Kohistani a Tolo News.

De hecho, algunos de los asaltos han estado portagonizados por terroristas al volante de vehículos acorazados robados al Ejército afgano, como ya sucedió la semana pasada, cuando los talibán emprendieron una campaña de atentados contra bases militares de todo el país.

El único día de respiro fue el miércoles en una semana que comenzó con 33 muertos y 58 heridos con un ataque en la localidad de Andar. El martes, 50 militares y civiles muertos y 150 heridos en la sede de Policía de Paktia. El jueves, en Kandahar, fallecieron 43 militares.

Era el prolegómeno de la explosión de violencia registrada el viernes, donde dos atentados suicida en mezquitas de Kabul, la capital, y Ghor, dejaron al menos 80 civiles muertos y 55 heridos. Ayer perdieron la vida 15 cadetes de una academia militar de Kabul, según el recuento de Tolo News.

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