El que fuera conseller de Turismo durante el Govern de Matas (2003-2007), Juan Flaquer, ha dicho que “difícilmente” los consellers o el presidente podían seguir la tramitación y estar en el “día a día” de proyectos como el de la construcción del velódromo del Palma Arena.

Así lo ha dicho el ex conseller durante su intervención como testigo en la tercera sesión del juicio derivado de las piezas 8 y 9 del Palma Arena, en las que la Fiscalía y la Abogacía de la Comunidad tratan de averiguar si la contratación de los arquitectos encargados fue irregular.

Por su parte la ex consellera de Presidencia y Deportes, Rosa Puig, ha dicho que Matas propuso la creación del Palma Arena y todo el Consell de Govern asintió”.

Sobre su relación con el ex director general de Deportes, José Luis ‘Pepote’ Ballester, Puig ha dicho que él “no despachaba nada” con ella en relación a la fundación Illesport, encargada del Palma Arena. “A mi no me tenia que dar cuentas de la construcción del velódromo”, ha dicho.

Además, ha explicado que “la infraestructura no se encargó a la Conselleria directamente” por lo que no se sintió “excluida” al no participar en el desarrollo del velódromo cuyo presupuesto fue aportado por la Conselleria de Vicepresidencia y no por la de Deportes.

En este juicio, derivado de las piezas 8 y 9 del Palma Arena, la Fiscalía y la Abogacía de la Comunidad tratan de averiguar si la contratación de los arquitectos encargados del velódromo fue irregular. A Schürmann se le contrató por 9,4 millones y al despacho de los García-Ruíz por nueve millones.

Matas se enfrenta a una pena de cárcel total de cuatro años -le piden dos años por cada pieza- por los delitos de prevaricación, fraude y falsedad documental.

A Ballester, que tiene un atenuante de colaboración con la justicia, se le imputan los mismos delitos aunque la pena es de seis meses de cárcel (sustituible por una multa de 1.000 euros).

Esta es la cuarta vez que Matas se sienta en el banquillo tras el juicio por el caso Nóos, el de los discursos escritos por el periodista Antoni Alemany y por la contratación ficticia de su mujer, Maite Areal, en el hotel Valparaiso.

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