Foto: Reuters

Unos 18.000 rohingya han huido en apenas una semana a Bangladesh para escapar de la ola de violencia que se ha desatado en el estado birmano de Rajine, que ha dejado más de cien muertos, según ha informado este miércoles la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

La OIM ha advertido además de que este número podría aumentar notablemente en los próximos días porque hay “cientos y cientos” de rohingya atrapados en tierra de nadie, en la frontera entre ambos países.

Esta cifra evidencia la gravedad de la crisis en Rajine. “La situación es horrible. Están quemando casas y la gente sale corriendo. Padres e hijos han quedado separados, algunos se han perdido, otros están muertos”, ha contado Abdulá, un rohingya de 25 años del pueblo de Mee Chaung Zay, en Buthidaung (Rajine), que se prepara para ir al país vecino.

La ola de violencia se desencadenó el pasado viernes, cuando milicianos del Ejército de Salvación Rohingya de Arakan (ARSA), un grupo armado conocido anteriormente como Aharak al Yaqin que fue creado por los rohingya exiliados tras la crisis de 2012, atacaron varios puestos policiales y una base militar en Rajine con un saldo de 109 muertos.

En respuesta, el Ejército birmano ha puesto en marcha “operaciones de limpieza” para dar con los insurgentes rohingya. Ha evacuado a la población no musulmana de Rajine y registra casa por casa en busca de supuestos milicianos entre esta minoría étnica y religiosa.

La situación había permanecido en relativa calma desde el pasado mes de octubre. Entonces, un ataque rohingya contra guardias fronterizos que se cobró nueve vidas entre los uniformados desató nuevos operativos militares que provocaron un éxodo de 87.000 personas hacia Bangladesh.

Naciones Unidas ha condenado la violencia rohingya y ha pedido a las fuerzas de seguridad que den una respuesta equilibrada a dichos ataques. Además, ha subrayado que esta situación podría haberse evitado si el Gobierno de la premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi hubiera abandonado la “retórica inflamatoria”.

Este es el mayor estallido de violencia desde hace cinco años, cuando los enfrentamientos entre rohingya y budistas –que son mayoría en el resto de Birmania– arrojaron un balance de más 200 muertos y 140.000 desplazados en la capital de Rajine.

Los rohingya son una minoría étnica de fe musulmana que se concentra en Rajine. Son más de un millón de personas, pero el Gobierno birmano no les reconoce como ciudadanos porque considera que son descendientes de inmigrantes ilegales procedentes de Bangladesh.

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