Nuevo caso de conducción bajo los efectos del alcohol. El suceso tuvo lugar sobre las 05:30 horas de la madrugada del domingo en la Plaza del Progreso. Una patrulla de la Policía Local recibió el aviso y al llegar, se encontró con el panorama de la fotografía; un vehículo totalmente empotrado contra la fuente de la zona. Pero aún quedaba otra sorpresa, el coche había escapado horas antes de otro accidente.

La Policía Nacional, que también acudió al lugar, advirtió que ese mismo vehículo accidentado contra la fuente era el mismo sobre el que pesaba un aviso producido a las dos de la mañana. Ese mismo coche, matrícula, marca y modelo, había golpeado a una conductora en Avenidas y se había dado a la fuga.

El conductor, un joven de 25 años de edad y nacionalidad alemana, fue sometido a la prueba de alcoholemia y arrojó un resultado que cuadruplicaba la tasa permitida. Se requirió la intervención de la grúa municipal para retirar el vehículo, ya que se había subido encima de la acera hasta impactar contra la fuente. Afortunadamente, ningún peatón se cruzó en su camino. Una brigada de Emaya fue requerida para retirar los restos de aceite derramada sobre la vía.

“No pasa nada, si le doy una ostia, es mi furgoneta y no pasa nada” 

Poco después del incidente en Plaza Progreso, sobre las seis y cuarto, otro conductor ebrio hizo de las suyas en la calle Bisbe Maura. Una patrulla de la Policía Local se encontró con dos hombres, de nacionalidad boliviana, junto a una furgoneta que parecía accidentada.

Los dos hombres, contaron a los agentes que se trataba de una avería y que la dirección estaba rota; pero aunque la Policía Local comprobó que ese extremo era cierto, pudo observar también un fuerte impacto sobre el vehículo. El caso estaba claro. No se trataba de una avería, sino de un accidente.

El conductor, de 38 años de edad, lo negó en todo momento; aunque tanto él como el copiloto se encontraban bajo los efectos del alcohol. De hecho, ambos estaban tan ebrios, que fue imposible practicarles la prueba, ya que no podían ni soplar. Los dos fueron trasladados al cuartel de Sant Ferran para tratar de practicarles la prueba allí, y decidir si imputarles un delito de negativa a hacerse la prueba, ya que parecían exagerar su estado para evitar pasar por el control de alcoholemia.

Al ver el estado de la furgoneta, los agentes se dieron cuenta de que el accidente no podía haber ocurrido muy lejos, y, efectivamente, a unos cincuenta metros del lugar, descubrieron el punto en el que habían impactado. Según el testimonio del copiloto, habían estado de fiesta toda la noche en Son Castelló y al irse por la mañana éste le había pedido al conductor que no cogiera el vehículo, pero su amigo le respondió: “No pasa nada, si le doy una ostia, es mi furgoneta y no pasa nada”.

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