Fotos: Isabelle Sleijpen

La segunda sesión del Mallorca Music Experience abrió el lunes 14 las puertas de Son Fusteret para ofrecer un cartel de lujo nostálgico, Hombres G y La Guardia en concierto.

Una hora antes de la apertura de puertas ya podía apreciarse que la gente estaba más que dispuesta a pasar una noche sin tregua para recordar aquellos temas que les hicieron disfrutar hace veinticinco años.

Y es que el verano mallorquín está resultando todo un ejercicio de revival en lo que a música se refiere ya que, aunque en la actualidad, y gracias a las plataformas digitales, tenemos más acceso que nunca a todo tipo de música, la verdad es que la creatividad y la innovación musical no viven sus mejores momentos. De este modo, la gente prefiere los conciertos de aquellos artistas de los 80 y 90 que nos traen recuerdos de la Movida y de unos años donde en España surgían grupos por todas partes. La mayoría de ellos eran horrorosos, todo hay que decirlo, pero lo importante era que todo el mundo quería hacer música, cambiar la música, experimentar cosas nuevas.

Los primeros en subir al escenario fueron los chicos de La Guardia (siempre serán mis “chicos”). Vieron la luz como grupo a mediados de los ochenta en su Granada natal y desde entonces cuentan con catorce álbumes y quince millones de discos vendidos.

Hoy en día no tendrían nada que hacer, no pasarían de actuaciones en garitos de suburbio porque las radio fórmulas, ese negocio formidable que parece que hayan inventado la música, ya no se ocupan de este tipo de música. Pero afortunadamente ahí siguen, con su pop rock elegante y pegadizo. “Mil calles llevan hacia ti” o “Cuando brille el sol” colmaron las expectativas de los incondicionales que se habían acercado hasta Son Fusteret.

Y sobre las once y media hicieron acto de presencia los incombustibles Hombres G. Estos “viejóvenes” llevan desde 1982 haciendo música con más o menos acierto. En aquel tiempo eran cuatro chavales con ganas de comerse el mundo y sin mucha idea de dónde se metían, sin mucha idea de música y sin ninguna idea de cantar. Pero nada de ello les impidió ser un terremoto en el panorama musical de entonces. Jovenzuelos, irreverentes, descarados y con una naturalidad a prueba de bombas, consiguieron un éxito sin precedentes en España e Hispanoamérica, donde las “chicas cocodrilo les perseguían sin descanso”. También perpetraron un par de películas, pero ese tema es mejor olvidarlo.

Una de las primeras canciones que pudimos escuchar fue “Voy a pasármelo bien”, toda una declaración de intenciones con la que el público se vino arriba enseguida.

Nunca hubo pretensiones filosóficas en sus letras, cosa que se les agradece, y su máxima siempre fue hacer canciones sencillas y divertidas, con mucho sentido del humor y con una seguridad arrolladora en sí mismos. Estos adolescentes talluditos, reyes incontestables del pop pijo-canalla ibérico son ante todo amigos, y eso se nota. No actúan gratis, pero es fácil darse cuenta de que no lo hacen solo por dinero ya que es imposible no darse cuenta de que cuando tocan juntos, siguen pasándolo bien.

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