Marilén González ya se está jugando más de 10.000€ en un proceso judicial. Una cantidad que puede aumentar en un 60% si pierde su reclamación ante el Supremo. De momento, y según la sentencia que ha recibido, está casi todo perdido. Pero lo hace por su hija. Por la mano de su hija. Una niña de tan sólo tres años y medio que se cortó con una botella de vidrio en la playa de Cala Falcó. Ni el Ayuntamiento de Calvià ni la concesión de restauración de Cala Falcó se hacen responsables de lo ocurrido. La lucha de esta madre, dura ya más de seis años.

¿Qué sucedió en la playa aquel fatídico 19 de junio de 2011?

Decidimos pasar el día entero en la playa. Llegamos sobre las diez y mi niña, de tres añitos por aquel entonces, comenzó a jugar en la arena. Estaba haciendo castillos y entraba y salía del agua sin parar. Hora y media después, con las manitas ya arrugadas por la humedad, ocurrió lo peor. Estaba junto a ella, metió arena en el cubo y al ponerse de pie se cayó para atras; la arena le salpicó en los ojos y cuando levantó la mano para limpiarse, vi la sangre. Había por todo. Me quedé en shock. Segundos después nos dimos cuenta de que se le veían los huesos y los tendones. Fue terrible.

¿Viste con qué se había cortado?

Sí, vi el trozo de cristal. Era un trozo de botella rota sobre la arena de la playa. El culo de una botella de cerveza. Una de las razones por las que hemos perdido el juicio es porque según ellos, no entienden por qué no lo cogimos. Qué rabia. Si ves a tu hija de tres años sangrar como sangraba la mía, no piensas en ningún cristal, ni siquiera sabíamos que íbamos a denunciar lo ocurrido. Me siento totalmente ultrajada.

¿Cómo actuaron los responsables de la concesión del restaurante de la playa?

Teníamos a la niña envuelta en una toalla mientras un amigo fue a pedirles el botiquín. Pero no tenían, por asombroso que parezca. Por no tener, no tenían ni tiritas. Sólo agua oxigenada y alcohol. Y mi hija no paraba de sangrar. Ya empezó a hacer cosas raras, la sangre le salía disparaba, estaba perdiendo demasiada.

¿Acudió alguien en vuestra ayuda?

Varios testigos que vieron lo ocurrido se acercaron a nosotros. Alguien llamó a la ambulancia pero cuando llegó nos comunicaron que no podían bajar hasta la playa. Teníamos que subirles a la niña. La toalla ya estaba encharcada en sangre. Me decidí a subirla en brazos y justo en ese instante apareció un guarda forestal. Él fue quien le hizo la primera cura, y tras ver la herida, nos dijo que subiéramos enseguida a la ambulancia. Los servicios de emergencia realizaron una gran labor, cuando llegamos arriba habían despejado todo el tramo para poder partir con rapidez. En la ambulancia, la niña se quedaba dormida. “Mantenla despierta”, decían. Llegamos a urgencias con el corazón en un puño.

¿Qué ocurrió en el hospital?

No pudo entrar en quirófano hasta por la tarde, era imposible verle la mano tal y como estaba. El traumatólogo fue un ángel, nos ayudó en todo momento. Cuando la puerta del quirófano se cerró, no volvió a abrirse hasta más de siete horas después. Cuando vi la cara del médico, supe que no eran buenas noticias. Nunca olvidaré sus palabras: “Tiene seis tendones seccionados, una arteria y un nervio. Pasarán años hasta que se recupere”.

Han pasado ya seis años desde aquel momento y la hija de Marilén aún no ha recuperado la movilidad de la mano. Según el informe pericial, sus secuelas están valoradas en 9 sobre 10. Año tras año, Marilén ha invertido el dinero familiar en médicos, informes y procesos judiciales. Una batalla que no logra ganar a pesar de tener varios testigos a su favor y demostrar, por sí misma, que la concesión del restaurante de Cala Falcó servía cristal a sus clientes en la arena. Nada de eso ha bastado.

¿Cuando decidiste denunciar el caso?

Fue gracias al traumatólogo. Nosotros ni nos lo habíamos planteado. Nos dijo que tenía hijos y que las playas debían ser lugares seguros. Tras dos días en la UCI y cinco ingresada en planta, nos dieron el alta, fue al empezar las curas cuando nos dio su opinión al respecto. Incluso se ofreció a testificar. Decidí hablar con mi abogado. “Si demuestras que el dueño sirve cristal en la playa, lo denunciamos”, me dijo. Y eso hice. Fui con mi marido y mi padre a la playa y realicé un reportaje fotográfico que testificaba lo que estaba ocurriendo. Algo totalmente prohibido en una playa o piscina pública. Ellos lo sabían. Trataron de echarme de la playa al verme con la cámara de fotos, pero no me amedrenté.

¿Qué alegó el responsable del chiringuito en su defensa?

Que la botella podría haberla puesto un “guiri” segundos antes de que mi hija se cortara. Claro, a las once de la mañana. No se lo cree ni él. Intentamos llegar a un acuerdo y que llamara a su seguro de responsabilidad civil pero se negó en rotundo. Por eso, no tuvimos más remedio que denunciar al Ayuntamiento de Calvià. Esa concesión no se estaba llevando a cabo correctamente y era un peligro para todos los usuarios.

Y fuisteis por vía penal…

Sí, pero para lograrlo tuve que renunciar a muchas cosas. Llevaba años ahorrando para celebrar mi boda; ya tenía la fecha, el lugar, las invitaciones, todo. Pero necesitaba miles de euros para llevar el tema a juicio. No dudé. Cancelé la boda y seguí adelante.

Pero el juzgado no os ha dado la razón…

No, y estoy indignada. No me lo puedo creer. Sé que influye el hecho de que estamos luchando contra el ayuntamiento más grande y poderoso de toda Mallorca. Pero no es justo. Hemos recibido una sentencia hecha por un sustituto que se ha dedicado a copiar y pegar textos de otros casos. No han argumentado nada para eludir la responsabilidad. Por eso voy a recurrir.

¿Qué irregularidades crees que ha habido?

De todo. Si basta con leer sus declaraciones. Se tapan unos a otros. Se contradicen. Han dicho incluso que trataron a mi hija con el botiquín del chiringuito o que el propietario se encontraba allí. Todo mentiras. Mentiras que he podido demostrar, porque incluso localicé al guarda forestal que había atendido a la niña. Me costó horrores hacerlo. Y fue gracias a una persona de dentro que quiso hacerme el favor. Al parecer, les prohibían darme información.

Durante este largo proceso judicial, la concesión de Cala Falcó se cerró durante todo un año debido a que se probó la celebración de fiestas ilegales en el lugar. Alcohol y cristales los sábados por la noche. Ni siquiera ese hecho, ha ayudado a Marilén a conseguir la indemnización para su hija. Los daños de su mano, que todavía no puede mover bien, se valoran en más de 25.000€, sus padres solicitan 15.000€ más por los daños morales causados durante el desarrollo de la niña. Pero la justicia no les ha sonreído. Ahora, sólo queda el Supremo.

¿Por qué arriesgarlo todo a una última carta?

Nos ha costado tomar la decisión. Sobre todo por motivos económicos. Pero ya estamos condenados a pagar más de 10.000€, aunque me tocara pagar 6.000€ más, voy a seguir luchando hasta que se haga justicia. No quiero el dinero para mí. Quiero que mi hija pueda ir a la universidad con su dinero. Que si tiene problemas en la mano, cuente con los recursos que merece. No pienso dejarme vencer. Sé lo que ocurrió y sé de quien es la culpa. Sé que el cristal que destrozó la mano de mi hija fue fruto de una ilegalidad y una imprudencia. Mi deber como madre es luchar hasta el final.

Marilén derrama lágrimas de frustración e impotencia. Sabe que todavía le queda un largo camino.  El recurso ha sido presentado en el Tribunal Supremo, y ahora, llega de nuevo la espera. No pierde la esperanza. Ni las ganas de luchar. Y cuando pierde las fuerzas, le basta con volver a mirar la mano de su hija.

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