La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha publicado el primer número anual de su Boletín sobre el Polvo en Suspensión en el Aire y una de las conclusiones es que cada año se emiten 2.000 millones de toneladas de polvo a la atmósfera.

El documento, que ha sido presentado en un simposio del Programa de la Vigilancia de la Atmósfera Global de la OMM, tiene por objeto fomentar la comprensión científica de la influencia cada vez mayor que las actividades humanas ejercen sobre la composición de la atmósfera y el subsiguiente impacto en el clima y el medio ambiente.

[adrotate banner=”125″]

“Se calcula que cada año se emiten 2 000 millones de toneladas de polvo a la atmósfera. Si bien gran parte de esas emisiones se producen como consecuencia natural de los ciclos de la Tierra, una cantidad importante son causadas por factores derivados de las actividades humanas; principalmente por la gestión no sostenible de las tierras y los recursos hídricos”, ha declarado el presidente del Comité director del Sistema de Evaluación y Asesoramiento para los Avisos de Tormentas de Polvo y Arena de la OMM, Enric Terradellas.

No obstante, en 2016, el promedio mundial de la profundidad óptica de los aerosoles –un índice de la carga de polvo– ha sido similar a los niveles de los años anteriores.

“El polvo es uno de los componentes principales de los aerosoles atmosféricos, que afectan al clima mundial y repercuten de manera importante sobre el tiempo a raíz de su influencia sobre la dinámica de la atmósfera, las nubes y las precipitaciones”, ha indicado el experto.

“Hemos de mejorar la observación y la vigilancia del polvo en suspensión en el aire a efectos de seguridad pública, pero también para comprender las reacciones del sistema climático”, comenta Terradellas, que también es científico de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET).

Por otro lado, tampoco se ha observado una tendencia claramente definida entre 2003 y 2016, en parte debido a las restricciones de la capacidad de modelización y al período relativamente corto que ha transcurrido desde que las observaciones sistemáticas comenzaron en 2003.

EVENTOS DE POLVO EN 2016

Las tormentas de polvo y arena se producen cuando el aire extremadamente caliente hace que la atmósfera inferior del desierto se vuelva inestable, lo que provoca fuertes vientos que remueven enormes cantidades de arena suelta y la transportan a cientos y, en ocasiones, a miles de kilómetros.

Tal y como recuerda la OMM, el polvo en suspensión en el aire se vincula a problemas de salud y perturba sectores socioeconómicos clave, como la agricultura o la escolarización.

En 2016, la mayor parte del polvo se concentró alrededor de sus fuentes principales: la franja de los desiertos tropicales y subtropicales del hemisferio norte, que abarca un territorio que se extiende desde el Sahara, a través del desierto árabe y el desierto sirio, hasta el desierto de Thar (situado entre la India y el Pakistán), y en los desiertos de latitudes medias situados en Asia Central y en la frontera entre China y Mongolia.

El informe ha destacado especialmente las tormentas de polvo y arena particularmente violentas que tuvieron lugar en 2016 en Irán, China y Mongolia.

“La alta frecuencia con la que se producen eventos similares hace que la situación sea insostenible. Irán ha padecido las consecuencias de una gestión deficiente de los recursos hídricos, la reducción del nivel de aguas subterráneas y la adopción de políticas que no tuvieron en cuenta el impacto en el medio ambiente y los ecosistemas. Afortunadamente, ya se han tomado medidas para revertir la situación, tanto a nivel nacional como internacional”, puede leerse en el documento.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.