Foto: REUTERS

Decenas de voluntarios se están saltando la ley para proporcionar alimentos a los inmigrantes que permanecen en los alrededores de la estación de Tiburtina, cuyo desalojo han ordenado en varias ocasiones las autoridades de Roma que, a diferencia de otras ciudades como Milán, no permiten el levantamiento de refugios improvisados.

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Ahora mismo hay medio centenar de personas pasando la noche cerca de la estación, donde organizaciones como Baobab Experience, que han contribuido al levantamiento de tiendas de campaña nocturnas, advierten de que el número de residentes volverá a subir este verano, coincidiendo con el incremento de llegadas en el Mediterráneo.

“Hasta el momento hemos tenido 13 expulsiones”, ha declarado a Reuters el director de Baobab, Andrea Costa, “pero tal y como va el ritmo de llegadas en barco, en poco tiempo vamos a tener que acabar cuidando de cientos de personas”.

A finales de 2015, las autoridades romanas se vieron obligadas a abrir 60 camas en un centro cercano de la Cruz Roja y tienen intención de reconvertir un hotel próximo a la estación para conseguir cien camas más. Sin embargo, y “por motivos de seguridad”, aducen, no están permitidos campamentos improvisados.

El llamado “El Bosque”, un pequeño espacio anexo a la estación, es una excepción con condiciones. Allí duermen los inmigrantes que se niegan a pasar la noche dentro de las tiendas de la Cruz Roja por el calor veraniego, y allí acuden los voluntarios para proporcionar protección y alimentos, pasta en particular.

Para evitar confrontaciones con la Policía, que también impide la entrada de un servicio de ‘catering’, los voluntarios cocinan en su casa y entregan la comida en recipientes de plástico y aportan donaciones personales ante la ausencia de un fondo estatal, mientras parte de los residentes de los barrios cercanos a la estación entablan relaciones sociales con los inmigrantes.

“Estos chicos necesitan terapia de juego”, ha declarado a Newsweek Giovanni Letta mientras su hijo juega al fútbol con los inmigrantes más jóvenes. “Si mi hijo puede contribuir así, es posible que cambie las esperanzas de estos chavales”, ha añadido.

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