“Me quieren joder la vida gratis”. Lo dice Pedro Gabriel Bermúdez Puig, condenado a 25 años años y medio de cárcel por ser el informador de una banda de paramilitares que cometió una oleada de atracos en Mallorca entre entre 2011 y 2013. Un caso mediático porque entre los apellidos de las víctimas estaban los Hidalgo y los Miró.

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El viernes 20 de enero, día de Sant Sebastià, Pedro debería haber ingresado en prisión después de que el Tribunal Supremo ratificó la sentencia de la Audiencia Provincial de Palma. Pero su abogado solicitó prorrogar un mes su entrada en la cárcel porque el acusado está recibiendo tratamiento por una dolencia en el hombro. A día de hoy Pedro no sabe en qué situación se encuentra exactamente porque está a la espera de que le comuniquen la respuesta de la Audiencia.

“Cada lunes desde hace cuatro años voy al juzgado a fichar” dice mientras enseña una hoja con los sellos estampados por las dos caras. De las seis personas que formaban la banda Pedro Gabriel es el único que no reconoció los hechos que se le imputaron en la Operación Kraken.

La causa se dividió en tres piezas separadas. De las dos primeras salió absuelto. Quedó probado que no participó en los cuatro robos del Carrefour del Coll d´en Rabassa y que no fue el informador ni el autor del asalto a la vivienda de la que fue su suegra.

Pero la sentencia de la última pieza dice que Pedro Gabriel debe pasar 3 años y medio entre rejas por un delito de organización criminal, 4 años por la comisión de cada uno de los robos (se le atribuyen cinco robos con violencia en casa habitada con uso de armas) y dos años por un delito de detención ilegal. 25 años, 6 meses y un día de cárcel en total.

Hasta que empezó lo que él y su familia definen como una pesadilla, Pedro Gabriel, de 42 años, llevaba más de veinte trabajando como vigilante de seguridad y escolta. Pedro repasa en voz alta los cursos de formación que ha recibido: defensa personal policial, protocolo, seguridad marítima embarcada, vigilancia de explosivos, circuito cerrado de televisión o krav magá, un sistema de defensa de origen israelí y que utilizan unidades de élite como el Mossad.

El acusado insiste en que ha sido condenado “por no aceptar un pacto con la Fiscalía. Pero yo no podía pactar. Primero porque soy inocente. Y segundo porque no existen pruebas de cargo”. La Fiscalía le ofreció una condena de 2 años y seis meses de cárcel si reconocía su participación en doce robos. Con la sentencia a 25 años de cárcel en la mano Pedro Gabriel se queja de que le han acusado por cometer cinco atracos.

Pedro Gabriel habla muy deprisa y recita su caso de memoria, con mucha precisión. A la pregunta de cómo es posible que le hayan condenado a 25 años de cárcel por, según él, no haber hecho nada, Pedro Gabriel responde que su condena está basada en declaraciones vinculantes de los coprocesados. Uno de ellos, el arrepentido Juan Carlos Ródenas, cambió cuatro veces su versión de los hechos.

De abril a junio de 2013 Pedro Gabriel estuvo en prisión preventiva y en los primeros días compartió celda con un tipo que dice que no conocía. Un día se cruzó en el pasillo de camino al salón de actos de la cárcel de Palma, donde se proyectan las sesiones de cine, con el cabecilla de la banda, Carlos Tomás Arán, al que sí conocía. Por él se enteró de que la persona con la que estaba compartiendo celda era Juan Carlos Ródenas Simonet, el arrepentido de la trama.

Según Pedro Gabriel los soldaditos de warhammer eran lo único que le unía con el cabecilla de la trama. Habían coincidido en alguna feria y en mercadillos de segunda mano. Carlos Tomás Arán declaró que Pedro Gabriel no cobró de los robos y le definió como un “bocachancla” al que sacaba información para desarrollar posteriormente.

“Estoy muerto desde que ingresé en prisión”, cuenta antes de romper a llorar. Durante la conversación que Pedro Gabriel mantiene con Crónica Balear le acompaña su única hermana. Ella, que tampoco se aguanta las lágrimas, permanece callada, atenta a lo que dice Pedro. Hasta que ella interviene para explicar cómo viven este trance sus padres transcurre más de hora y media. Poco después reconoce que ha sufrido amenazas a través de las redes sociales.

“Mi madre está destruida, mi padre lleva la procesión por dentro y yo he pasado de ser una persona normal, anónima, a ser el tío más chungo del mundo”. Aunque asegura que no lo puede demostrar, Pedro Gabriel está convencido de que se obvian pruebas que demostrarían su inocencia y sostiene que “han hecho” que todos los caminos conduzcan hasta él. Se queja de que “la Audiencia da por probada mi colaboración sin pruebas de cargo, a través de indicios sólidos y sin contrastarlos”.

El acusado considera que en su causa han sido determinantes las más de treinta fotos que hizo de un coche de la Policía Nacional aparcado cerca de la vivienda de su dueño en horario laboral. Pedro Gabriel publicó las imágenes en su Facebook y, aunque dice que no se puede demostrar, a raíz de ese hecho las cosas se torcieron.

“Estoy seguro de que el lunes va a haber alguna reacción”, afirma rotundo.

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