“Servicios sociales nos ha quitado a nuestro hijo por dinero, es como un secuestro legal”

Alba González | 06/11/2016

Es la batalla más dura de Jose Luis y María, padres de un menor de 13 años del que ya llevan once meses separados. Su hijo, diagnosticado con un espectro autista, síndrome de Tourette y TDAH; se encuentra bajo la tutela del IMAS (Institut Mallorquí d’Afers Socials) desde el 17 de diciembre del pasado año, cuando María recibió la llamada que da origen al infierno personal que nos describen en Cronica Balear.

El menor ya se ha fugado tres veces desde su internamiento, y las tres, ha acudido en busca de sus padres. La última se produjo el pasado día 2 de Noviembre, cuando el joven escapó semidesnudo y a pie desde la zona de S’Aranjassa hasta Palma. La fuga se produjo a las seis de la tarde y hasta las dos del mediodía del día siguiente, no se avisó a los padres de su desaparición. Afortunadamente, el niño acudió a verles y los padres, muy a su pesar, le llevaron de nuevo al centro pertinente. El juicio por la tutela se celebrará el próximo 14 de diciembre.

¿Por qué os retiran la tutela del niño?

Si te soy totalmente sincera, aún no lo sé. Durante toda la vida de mi hijo me han tachado de sobreprotectora y “tiquismiquis” y ahora he pasado de un extremo al otro, a retirarme la custodia del niño por “desamparo familiar”, como argumenta el IMAS. Nos sentimos ofendidos, indignados, tristes, violados literalmente por el sistema. Estamos perdiendo a nuestro hijo.

JC es un niño con un cuadro médico complejo ¿Cómo comienza todo?

Ya desde muy pequeño notábamos sus peculiaridades. A los 18 meses se pegaba cabezazos contra el suelo y empezaron las carreras de médico a médico. Nos llamaron exagerados y primerizos pero sabíamos que algo no iba bien. Pasamos años y años de angustia, le diagnosticaron una esclerosis tuberosa que nos tuvo en vilo hasta que afortunadamente se descartó. Su altísima tolerancia al dolor, no siempre nos permitía ver lo mucho que sufría; ni él mismo se daba cuenta. Era un continuo de médicos: neurólogo, genetista, pediatra, etc. Hasta los 7 años no logramos el primer diagnóstico, TDAH; cuatro años después, a los 11, le diagnostican el autismo y el síndrome de Tourette.

¿Cómo era la convivencia en casa?

Nuestra relación es fantástica. Digan lo que digan. Siempre ha sido un niño amable, generoso y sociable. Habla con todo el mundo, se relaciona con los vecinos, con nuestros amigos, etc. Sus particularidades hacen que se exprese mediante el contacto; a veces te coge la cara para mantener un contacto visual o te da un abrazo. Un comportamiento ligado a sus síntomas que ya empezó a crearle problemas en el colegio.

¿Cómo empieza ese malestar de JC en los centros escolares?

Con sólo decirte que a los cuatro años le prohibieron dar esos abrazos porque revolucionaba la clase…pues, imagínate. Era difícil de entender lo que le ocurría, pero también veías claramente que le ocurría algo. Durante años dieron palos de ciego con él, no entendían sus reacciones ni su comportamiento. Le castigaban por cosas que formaban parte de su propio estado de salud, pero sin diagnóstico era muy difícil de valorar.

A los 8 años le ocurre algo muy grave…

Es víctima de abusos. Aunque lo fuerte es que, según el IMAS, son abusos “sin determinar”. Nosotros nos damos cuenta del problema porque el niño repite una frase sexual que le ha oído a su acosador, le preguntamos y nos cuenta lo ocurrido. La primera valoración de la UVASI (Unidad de Valoración del Abuso Sexual Infantil) es que no se puede determinar porque el niño es muy cerrado. Medio año más tarde, vuelve a entrevistarse con la psicóloga. Durante la reunión divagó entre videojuegos y respuestas evasivas; algo propio de sus enfermedades, pero la psicóloga concluyó que no sabía qué le había podido ocurrir en el colegio y que lo realmente preocupante era que tuviera esas divagaciones. Por supuesto, no dábamos crédito. Se cerró un posible tema de abusos, así, de un plumazo.

¿Y ahí decidís buscar una segunda opinión?

Nuestra pediatra sospecha que podía sufrir un trastorno de Asperger o similar, lo deriva a Salud Mental de Son Espases. Allí es donde, por fin, le diagnostican el Tourette y el autismo. El jefe de psquiatría infantil del hospital nos aconseja cambiarlo de colegio. Nos recomienda Son Serra por la existencia de un aula específica (UEECO) que trabaja con niños que sufren este tipo de trastornos. Y el primer año, las cosas salen bien. JC siempre ha ido avanzando aunque fuera a trancas y barrancas. Iba sacándose sus estudios aunque necesitara más tiempo y esfuerzo que los demás; pero todo cambia a partir del segundo año en ese colegio.

¿Qué ocurre?

Cada vez que le pregunto lo que había hecho durante el día, su respuesta era: ordenador libre, patio, internet y poco más. Ni matemáticas, ni naturales, ni otras asignaturas. Además del aula de educación específica, tenía una clase de referencia en la que tenía que integrarse; pero nunca iba. Lo mantenían apartado del funcionamiento habitual y de las actividades normales de los otros alumnos del centro y a mí, me parecía muy injusto y perjudicial para él.

Y las relaciones con el colegio comienzan a deteriorarse…

Totalmente. Sabían que sufría un espectro autista y Tourette pero no actuaban en consecuencia.  No le evitan situaciones de tensión, le provocan en las discusiones; cosas incomprensibles hasta llegar al punto de pedirle que se estuviera quieto y que no se moviera; eso dicho a alguien que sufre de tics incontrolables…Inaudito.

¿Plantea sus quejas al centro escolar?

Constantemente. Empiezo a quejarme de forma habitual. Empecé a poner todo por escrito y me convertí en una persona non grata. Me quejaba porque no iba a las excursiones, porque nunca subía a su clase de referencia, porque no interactuaba, no aprendía, no le educaban. En teoría estaba en quinto y su contenido en clase era cantar los “Cinco Lobitos”; no se estaba haciendo nada. Pero a cada queja me respondían lo mismo, que lo protegía demasiado.

Y de nuevo vuelve a sufrir acoso escolar…

Así es, por desgracia. Y eso también crea discusiones entre nosotros. Notamos su rabia, el odio, el miedo; comienzan las peleas para no ir al colegio cada día. Decidimos hablarlo con su profesora y con la directora del centro; nos dicen que lo van a solucionar y efectivamente así fue, pero vaya solución. Lo encierran en el patio junto a su acosador para recoger juntos las malas hierbas. No le sentó bien. Se sentía inseguro e indefenso. Le afectaba mucho que los demás se rieran de él.

¿Consideráis que el centro actuó de forma correcta?

Rotundamente no. Ni en el tema del acoso ni en la educación de JC. Nosotros le enseñamos a escribir en casa, le apoyábamos, trabajamos con él siempre con el objetivo de mejorar. Y resulta que cuando volvía a casa nos decía que en el cole le decían que ya estaba bien así, que no tenía que esforzarse más. Y llegó una frase que lo cambió todo, el “TU NO MANDAS”. Decía que se lo habían dicho en el colegio, y no es que digamos que lo hicieran a propósito;  pero para un niño como JC, por su cuadro psicológico, si le dices que en el colegio los que mandan son ellos y no sus padres, él entiende que sus padres no mandan. A secas.

¿Lo habláis con la directora?

Sí. Y es aún peor. Tras hablar con ella, JC nos cuenta que la directora le ha llevado al despacho y le ha dicho textualmente, “lo que pasa en el cole se queda en el cole” y “cuéntale cosas bonitas a papa y mamá, no les cuentes sólo las malas”. Aún así, seguimos obligándole a ir al colegio porque pensamos que es beneficioso para su comportamiento.

JC acaba acumulando más de diez partes de expulsión en el centro por su comportamiento; una información que ya empieza a trasladarse a Servicios Sociales…

¿Qué ocurre en esa época?

Nos empiezan a llamar cada día para que le vayamos a buscar. Un día porque está nervioso, otro día porque ha destrozado el mobiliario escolar. Teníamos la sensación de que el colegio pretendía sacárselo de encima, que su caso era demasiado complejo para ellos. Nos contaba que la directora le había cogido del pelo, ella nos decía que sólo era una caricia. Él nos contaba que se lo llevaban al despacho de la directora incluso cuando se portaba bien, y desde el colegio nos decían que su comportamiento empeoraba cada vez más. Sabemos que es complicado tratarle, pero vamos a ver, estaba en ese colegio recomendado por Psiquiatría y en un aula específica en la que teóricamente tendrían que haber sabido como tratarle o entender algunas de las reacciones motivadas por sus enfermedades. Lo que no es normal es que aquel primer parte de expulsión se convirtiera en doce expedientes de expulsión más.

Y llega la decisión del IMAS…

No olvidaré nunca ese 17 de diciembre. Lo dejé como siempre en el colegio. A las 10 de la mañana me llaman desde Afers Socials y me citan a las 14 horas…porque mi hijo va a ingresar en un centro. No me lo creía. Me caí redonda. Y cuando me espabilé salí volando al colegio para recogerle. Llegué y ya noté el revuelo. Los profesores iban y venían, la directora me evitaba; hasta que me la encontré de frente. Y sé que me equivoqué pero no pude evitarlo y le dije “Si mi hijo acaba en un centro, te va a faltar isla para correr”. La directora llamó a la policía. Y es ese agente el que me confirma que mi hijo ya no está en el centro. Ya se lo han llevado. Ya es un niño tutelado por la Administración.

¿Nunca hubo una evaluación de vuestra situación por parte del IMAS?

Antes de retirarnos la tutela se nos convocó a los dos. Fuimos pensando que querían hablar con nosotros de los problemas que padecía JC en el colegio. Y eso les contamos. De hecho jamás han hecho ninguna investigación por su parte, toda la información que tienen sobre nuestra situación se la hemos dado nosotros mismos. La técnica referente que se encarga de nuestro caso nos dice que firmemos la tutela. No firmo. Yo sólo quería ayudar a mi hijo y por eso acudí a aquella reunión, pero vi claro que no querían mantenernos juntos. Volvimos de nuevo y esta vez acompañados de nuestro hijo; él contó lo que le ocurría en el centro y que se sentía maltratado hasta por la propia directora. Al escuchar esto, la técnico le dijo “La directora de ese centro es amiga mía, y yo no creo que estas cosas que cuentas sean así, ella no hace esas cosas”. Surtió el efecto que quería. JC no volvió a mencionarles nada sobre su situación, se sintió totalmente cohibido.

Según el propio informe de la resolución de la tutela, el IMAS toma la decisión en base a las siguientes razones relacionadas con sus progenitores: sospecha de violencia conyugal, escasa motivación, déficit económico, aislamiento social, despreocupación, depresión, problemas de salud sin diagnosticar…etc. Razones que los padres desafían totalmente; ellos defienden que la problemática de JC se agrava con el acoso escolar y el maltrato que sufre en el centro, algo que los técnicos de Serveis Socials consideran “una fantasía”. Una historia radicalmente distinta según la parte que la describe.

¿Créeis que el IMAS tenía razones para retiraros la tutela del niño?

No. Ni mucho menos. Es cierto que nuestra situación económica no es buena y también es verdad que no contamos con demasiado apoyo familiar aquí en la isla, pero de ahí a hablar de desamparo y despreocupación, hay un mundo. No hemos tenido mucho, pero todo lo que hemos tenido lo hemos invertido en JC y en que creciera educado, cariñoso y arropado por todos los que le quieren.

¿Hay irregularidades en el proceso de retirada de la tutela?

A nuestro juicio, sí. Primero porque cuando se llevan al niño aquel 17 de diciembre nadie nos avisa de absolutamente nada. Y lo que es peor, cuando llamo para ponerme en contacto con su técnico referente para que me explique por qué se ha tomado esa decisión y qué tengo que hacer para ver a mi hijo…resulta que no trabaja allí. Resulta que la decisión de retirarnos la tutela de nuestro hijo la toma una técnico antes de desaparecer por unos meses. Y claro, cuando ocurre, nadie puede explicarme nada. Y luego vuelve a reincorporarse y vuelven a darle el caso de mi hijo. Y tampoco nos explican nada. El niño cambia de centro varias veces y ninguna de ellas se nos notifica. Las llamadas no se cumplen ni en horario ni en duración. Sospechosamente nos ponen las visitas a la hora a la que no podemos acudir, cuando hace años que saben que trabajamos en hostelería e incluso por escrito hemos solicitado que no se hagan a mediodía. De buenas a primeras nos prohíben las visitas. Lo aíslan. Meses más tarde nos permiten visitarle de nuevo. Creo firmemente que alguien de Servicios Sociales se equivocó y dio la orden errónea. Y creo que están jugando con nosotros para tapar ese error. Y para ganar dinero. Han secuestrado a nuestro hijo de forma legal por dinero; por las subvenciones que reciben por cada usuario tutelado. Es un negocio.

Y empiezan las fugas…

Mi hijo se fuga y viene a vernos a nosotros. Varias veces. Por algo será. Un niño que se siente maltratado o desamparado por sus padres no recurre a ellos cuando se escapa del centro donde está internado. La primera se produce después de navidades. No pasa su cumpleaños con nosotros, se pierde el cumpleaños de su padre, se siente abandonado y aparece en nuestro lugar de trabajo a las 12 del mediodía cargado con una mochila, un monopatín y los libros que le regalé. Vino él sólo desde Son Roca. Afortunadamente un buen hombre le pagó el billete de autobús y llegó hasta la Plaza España. De hecho, espero que si este señor nos lee se ponga en contacto con nosotros porque nos gustaría mucho agradecérselo. No quiero ni pensar lo que podría haber hecho una mala persona si se encuentra a mi hijo solo y con las peculiaridades que sufre.

¿Qué decidís en esos momentos de fuga?

Siempre hemos dado parte a la Policía. Y no sabes lo que duele eso como madre. Me da miedo pensar ahora que la próxima vez que se fugue no quiera recurrir a nosotros; no quiero que piense que le llevamos de vuelta porque nosotros queremos, es que no tenemos otra opción. Me entristece profundamente; la segunda vez que se fugó ya ni siquiera me abrazó. Nos dice constantemente que no entiende por qué está allí, que quiere volver a casa, que no entiende lo que ocurre.

El próximo día 14, Mari y Jose Luis se enfrentan al juicio por la custodia de su hijo. Por un lado, las valoraciones del IMAS, que consideran que no son aptos para cuidar de JC; en el otro, una serie de extrañas irregularidades que no responden a exámenes científicos ni psicológicos ni del menor, ni de sus padres. Ellos han denunciado a diestro y siniestro tanto a Fiscalía de Menores, como al centro escolar donde fue presuntamente maltratado y a la directora del mismo, al IMAS y a la técnico referente encargada del caso. Diversos organismos están al tanto de lo ocurrido y la polémica se ha destapado sobre la mesa. Los padres aseguran que las tutelas de menores son un negocio, que muchas se deciden arbitrariamente para acceder a las subvenciones que ofrece el Gobierno central por cada joven tutelado, de mayor cantidad aún si sufren alguna discapacidad. Por otro lado, todos los temas relacionados con menores funcionan estrictamente protocolizados y no es habitual tomar una decisión sin ningún antecedente grave.

¿Qué ha ocurrido con el caso de JC?

El próximo lunes tendrá lugar otra de las habituales visitas a las que acceden los padres mientras su hijo se mantiene internado; pero ya no saben si se producirá debido a los últimos acontecimientos. Un tema complejo y delicado en el que cuesta dirimir quien dice o no la verdad. Los padres aseguran que no pararán de batallar hasta desvelar todas y cada una de las irregularidades sufridas. Dicen que sólo quieren recuperar a su hijo. Al que era. “El otro día vi en sus ojos un vacío, como si ya no creyera en nada”, explica profundamente triste su padre; “un error administrativo puede llegar a destruir toda una vida”.

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