27 Septiembre 2016

El Supremo confirma la condena a cuatro policías de Palma por agredir a un detenido

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El Supremo confirma la condena a cuatro policías de Palma por agredir a un detenido

El Tribunal Supremo ha confirmado la condena impuesta por la Audiencia provincial en julio del año pasado a cuatro policías locales de Palma por agredir a un detenido en el cuartel de San Fernando, una acción que quedó grabada en vídeo

La sala de lo penal del alto tribunal ha desestimado los recursos interpuestos por los tres agentes que fueron considerados culpables y condenados a un año de prisión cada uno por sendos delitos contra la integridad moral en su modalidad pasiva por no intervenir cuando su compañero pateó al detenido mientras estaba maniatado en los calabozos.

El Supremo ha admitido parcialmente el recurso del policía que agredió al arrestado y ha reducido la condena de 1 año y 6 meses a 1 año y 3 meses porque el tribunal provincial sobrepasó la pena máxima imponible por el delito activo contra la integridad moral.

En la sentencia, contra la que no cabe recurso, se sustituye la condena por lesiones por otra de maltrato de obra igualmente castigada con 480 euros.

Además, confirma los tres años de inhabilitación contra el autor de los golpes. Los otros tres condenados también fueron inhabilitados, uno también por tres años por ser el oficial al cargo del detenido, y los otros a dos años cada uno.

Los hechos probados de la sentencia recurrida refieren que A.G.M, oficial de la Policía Local, aprovechando que el detenido no podía defenderse, con ánimo de atentar contra su integridad física y moral y en respuesta a los insultos y amenazas del mismo, que se quejaba del dolor que le hacían los grilletes, al pasar por delante empezó a golpearle la cabeza.

La agresión fue presenciada con absoluta pasividad y complacencia por los acusados C.V.P, oficial, y los policías S.L.G.F. y J.M.G., que respaldaron la acción de su superior al no impedirla ni recriminarle que parase la situación.

C.V.P, además de permitir las agresiones, según el relato de hechos, se dirigió a la cámara de vigilancia instalada en el techo de la sala de detenidos, y que grababa lo sucedido, la giró para evitar que registrase lo que ocurría, enfocándola unos instantes hacia una ventana en la que se reflejaba lo que estaba ocurriendo, hasta que la agresión terminó y la colocó en su sitio.

“Los golpes en la forma en que se efectúan revelan una dominación que emerge de la situación del golpeado -ebrio, atado-, y encierran una clara connotación despectiva y vejatoria que degrada a la víctima, que se ve tratada como desecho”, indica el Supremo en su sentencia.

Añade que no se trata de una agresión sin más, sino que “es una agresión que cosifica a la víctima”.

Aunque considera que “dos patadas, un manotazo y otros golpes menores sin más no constituyen per se un atentado a la integridad moral”, afirma que en el marco en que se producen esos hechos “sí que encierran ese contenido afectante no solo a la integridad física, sino también a la integridad moral, incidiendo en el propio sentimiento de autoestima: quien es agredido se siente tratado como un objeto inerte”.

La sentencia rechaza que en la condena haya influido un estado de opinión proclive a un castigo severo como consecuencia de la difusión del vídeo con la agresión: “Si esa difusión suscitó rechazo y repugnancia en la opinión pública es porque los hechos despiertan igual rechazo de la ley, del ordenamiento penal”.

También sostiene que el abuso de autoridad por parte del condenado es patente y solo desde su condición de policía es concebible un episodio como el que motiva la condena.

Sobre la falta de respeto del detenido a los agentes, señala que “no puede ser atajada por el policía de forma tan contundente y desproporcionada como ilegal y delictiva”.

El Supremo señala que “la agresión no prosiguió por parte de su protagonista que consideró suficiente el escarmiento y desahogo, no porque tropezase con ademán alguno de reproche o impedimento por parte de alguno de los presentes. No puede entenderse que esa pasividad era solo reflejo de su obligación de permanecer inmóvil custodiando al detenido: ¿qué tipo de custodia es esa que obliga a no inmutarse ante anomalías de ese tenor?”.

La sentencia hace hincapié en la pasividad y actitud de complacencia del oficial al cargo del detenido, C.V.P., que no reaccionó ante una agresión que presenció imperturbable y afirma que “su tácita connivencia queda corroborada sin margen alguno de duda por su acción de apartar la cámara para evitar que se perpetuase la escena que contemplaba mediante su grabación. ¡Tuvo capacidad y tiempo para hacer eso, pero no de abortar la agresión!”.

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