18 Septiembre 2016

El 72% de los votantes de nuestra encuesta considera acertada la decisión del Vaticano de sustituir al obispo

El 72% de los votantes de nuestra encuesta considera acertada la decisión del Vaticano de sustituir al obispo

¿Le parece bien la decisión del Papa de sustituir al obispo de Mallorca por una presunta relación sentimental? Fue la pregunta de nuestra última encuentra.

Los resultados dicen que el 72% de los que han respondido a nuestra pregunta apoyan la decisión del Vaticano.

El pasado mes de diciembre salió a la luz que el obispo Salinas mantenía una supuesta relación sentimental con la que hasta hacía pocos meses era la secretaria de Relaciones Institucionales del Bisbat de Mallorca.

Antes de que se conociera públicamente, el Vaticano llamó a filas a monseñor Salinas, que viajó hasta Roma para explicar ante la Santa Sede qué estaba ocurriendo.

Días después, Javier Salinas negó ante los medios de comunicación estar enamorado de Sonia Valenzuela y culpó al marido de ésta, Mariano España, por la denuncia que interpuso ante el nuncio vaticano en Madrid.

A pesar de que el presunto romance estaba en boca de todos, detrás de esta historia se esconde un complicado litigio por la titularidad del Convento de las Jerónimas, un lugar extraordinariamente ubicado en el centro histórico de Palma.

Nueve meses después, monseñor Salinas ha dejado de ser el obispo de Mallorca. La versión oficial es que renunció, él mismo, a seguir al frente de la Iglesia de Mallorca. Sin embargo, la interpretación de este cambio es que fue el Vaticano quien decidió apartar a Salinas de la diócesis después del escándalo que supuso la pubicación de su supuesta relación sentimental.

A Salinas le sustituye, de forma temporal, el menorquín Sebastià Taltavull en calidad de Administrador Apostólico, aunque sus competencias son las mismas que si fuera obispo.

En su presentación ante los medios de comunicación el sustituto del obispo relató el enorme sufrimiento que había vivido o señor Salinas durante estos nueve meses. También afirmó que su marcha no era un castigo de la Iglesia.

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