20 Junio 2016

Deporte y violencia

Deporte y violencia

Si hay algo que la Eurocopa ha dejado claro es que los episodios de violencia en el deporte son más habituales de lo que deberían ser.

Violencia que, como casi todos los actos de las personas, tienen consecuencias jurídicas. Una violencia que no puede justificarse bajo una equivocada concepción de lo que es deporte y que debe recibir la mayor de las censuras y condenas.

Por eso no puede uno más que extrañarse ante las palabras pronunciadas por el presidente ruso, Vladimir Putin “No entiendo como 200 hinchas rusos le dieron un paliza a miles de ingleses” referidas a los violentos enfrentamientos entre los aficionados ingleses y rusos y que suenan a chanza, como si Putin comparara orgulloso lo ocurrido en Francia con la gesta de los 300 durante la Batalla de las Termópilas.

En este caso, y a nivel de disciplina deportiva, la Federación Internacional ha avisado ya a varias selecciones de fútbol -como la inglesa y la rusa- de que pueden llegar a ser expulsados de la Eurocopa por el comportamiento violento de sus hinchas.

Pero tampoco en España somos ajenos a este tipo de sucesos y en nuestra memoria permanece la brutal muerte de “Jimmy”, el aficionado del Deportivo de la Coruña a quien en noviembre de 2014 se le propinó una paliza y luego se lanzó al río Manzanares.

En Derecho hay supuestos en los que se debe responder por el comportamiento de otros (ocurre, por ejemplo, cuando hablamos de “culpa in vigilando” o “culpa in negligendo”) y que en lo deportivo podría llevar a expulsar a esas selecciones si, efectivamente, no controlan a sus aficiones.

Ha habido ocasiones en que una agresión, o el comportamiento de determinados “hinchas”, han sido llevados a los Tribunales penales como sucedió en 2013 cuando un Juez de Barcelona condenó a 3 años de cárcel a tres seguidores radicales del Barcelona por arrojar bengalas contra la afición del Espanyol en Montjuic unos años antes y que causaron lesiones (quemaduras y hematomas) a un padre y a su hijo.

Y no hay que olvidar, tampoco, que en 1992 un joven de 13 años falleció atravesado por una bengala en el campo de Sarrià, lo que nos debería concienciar de lo peligrosas que son esas bengalas.

Por cierto que, aunque no se acuda a la vía penal, no se evita que por la vía civil deba indemnizarse por los daños y, en el supuesto de la bengala que le costó la vida al joven en Sarrià, el Juez condenó al club de fútbol a pagar una indemnización de 40 millones de pesetas por la muerte del joven.

La simple práctica de un deporte puede causar lesiones o incluso la muerte

En otras ocasiones, la simple práctica del deporte puede producir graves lesiones -o incluso la muerte- pero al ser fortuitos no merecen reproche penal.

Es el caso de las desafortunadas víctimas del rally del Coll de Sa Creu de este fin de semana, donde un vehículo perdió el control y se salió del trazado del circuito arrollando a varios espectadores, algunos de los cuales han sufrido heridas de carácter muy grave.

En deportes de contacto, como el fútbol o el rugby, hay ocasiones en que no podemos dejar de tener la sensación de que ciertas lesiones son premeditadas.

Hay deportistas que, escudándose en el partido o en su intento de hacerse con el balón, agreden a otros jugadores o incluso a aficionados y a árbitros, lo que de poder probarse supondría la entrada en juego del Código Penal, aunque en la práctica es difícil distinguir cuando esa lesión es fruto de juego violento (que sólo merecería sanción disciplinaria) o de algo más.

Para finalizar –y con ánimo de rebajar un poco el tono de este artículo- comentaré una anécdota que presencié en 2006 durante la celebración de un partido amistoso entre abogados y economistas (que, lógicamente, ganamos los primeros sin “prácticamente” hacer trampas).

En un lance del partido un intrépido pero patoso abogado chutó a gol el balón con tan mala suerte que este acabó impactando en la entrepierna del portero contrario quien, tras caer dolorido al suelo, no dejaba de gritar “¡¡Lo has hecho a propósito, te denunciaré!!”.

A lo que el abogado-delantero contestó tranquilamente mientras miraba a diestra y siniestra: “¿Y cómo lo vas a hacer… si todos los abogados están en mi equipo?”

Pedro Antonio Munar Rosselló (abogado)

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