31 Mayo 2016

Las polémicas marcas del franquismo

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Las polémicas marcas del franquismo

La decisión de los habitantes de Tortosa (Tarragona) de mantener el monumento franquista sobre el río Ebro ha reabierto la polémica sobre la pervivencia de símbolos y vestigios del régimen en otras localidades de España, donde todavía son visibles las marcas de 40 años de dictadura.

La Ley de Memoria Histórica, aprobada en diciembre del 2007, establece que las administraciones deben tomar las medidas oportunas para la retirada de escudos, insignias, placas u otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la dictadura franquista.

Quedan excluidas las menciones que sean de estricto recuerdo privado sin exaltación de los enfrentados, o cuando concurran razones artísticas o artístico-religiosas protegidas por la ley.

Ocho años y medio después, se han desmontado monumentos, se han apartado placas y se han retirado honores a personajes del régimen, pero sigue habiendo pruebas palpables del mismo en un número muy difícil de cuantificar.

MONUMENTOS POLÉMICOS

Una de las decisiones más sonadas ha sido la del municipio de Tortosa, en Tarragona, cuyos ciudadanos han acordado en una consulta popular mantener el monumento franquista -el más grande de Cataluña- ubicado en el Ebro a su paso por la ciudad.

Fue dos días después de que el pleno del Ayuntamiento decidiera revocar por unanimidad el título de alcalde honorario y perpetuo concedido a Francisco Franco en 1964.

En referéndum decidirán en breve los vecinos de Alberche del Caudillo (Toledo) si se quita o se mantiene el apellido franquista del pueblo.

Controversia hay también en Palma, donde el Ayuntamiento aprobó la demolición del obelisco erigido en 1949 en el parque de Sa Feixina en homenaje a los casi 800 muertos en el hundimiento en 1938 del crucero “Baleares”, pero ayer mismo el Consell de Mallorca paralizó el derribo para resolver un recurso en contra de la asociación de vecinos del barrio.

El mayor exponente de la simbología franquista sigue siendo para muchos el Valle de los Caídos, pese a que la Ley de Memoria Histórica prohíbe los actos políticos o que exalten la Guerra Civil o la dictadura y fija que se rija estrictamente por las normas aplicables a los lugares de culto y cementerios públicos.

La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, abogó recientemente por cambiar el nombre al Arco del Triunfo de la ciudad y llamarle El Arco de la Concordia o El Arco de la Democracia.

De hecho, con la llegada de Ahora Madrid al Ayuntamiento de la capital se ha impulsado el cambio de nombres a calles vinculadas con el franquismo y la retirada de símbolos, en actuaciones que han estado marcadas por la polémica.

Por otro lado, la Comunidad de Madrid declaró en abril Bien de Interés Cultural (BIC) la plaza Mayor de Brunete, inaugurada en 1946 por Franco y en la que hay varios elementos franquistas, y lo hizo por motivos “exclusivamente arquitectónicos y culturales”.

En el País Vasco apenas quedan vestigios de la época franquista. Uno de los más destacados es el águila imperial situada en lo alto de la fachada de la delegación provincial de Hacienda de Bizkaia, en Bilbao.

Próximo a Valladolid, en el cerro de San Cristóbal comenzó en febrero el desmontaje del conjunto monumental dedicado en 1961 al líder falangista Onésimo Redondo, que aún tiene otro laudatorio en Labajos (Segovia), donde murió en una refriega con milicianos.

Otros vestigios famosos en Castilla y León son el medallón dedicado a Franco en la Plaza Mayor de Salamanca, aún presente y objeto de continuas agresiones en la ciudad.

En diciembre de 2008 el Ayuntamiento de Santander retiró la última estatua ecuestre de Franco que permanecía en un espacio público de España. La figura se llevó a un almacén municipal.

Queda en Galicia la Cruz de los Caídos de Vigo a los pies del monte de O Castro, salvada de la piqueta por una decisión del Tribunal Superior de Justicia que revocó una sentencia previa de un juzgado vigués que ordenaba su retirada.

PLACAS, ESCUDOS, CALLES…

Nombres franquistas sobreviven en callejeros de todo el país. En Valencia, el Grupo para la Recuperación de la Memoria Histórica se queja de que los nombres de las calles prácticamente no se han tocado desde la transición y que hay unas 30 vías que “son susceptibles de ir contra la ley”.

La mayor parte de los vestigios franquistas, no obstante, están en edificios de la Iglesia, como en la de San Francisco de Barbastro, en Huesca, en recuerdo de los caídos por el bando franquista.

El Gobierno de Navarra y la Federación Navarra de Municipios y Concejos han puesto en marcha un programa de retirada de toda la simbología franquista, que incluye la elaboración de un censo, que podría estar finalizado en otoño.

Uno de los símbolos franquistas de mayor visibilidad que queda es la laureada del frontón del Palacio de Navarra, cuya retirada está prevista en una fecha próxima sin concretar.

La Confederación Hidrográfica del Segura retiró hace unos días la placa de inauguración del pantano del Cenajo (Moratalla), de 1963, mientras que en Mérida está previsto eliminar la inscripción conmemorativa al falangista José Antonio Primo de Rivera del muro de la concatedral de Santa María.

En La Rioja no hay monumentos relacionados con el franquismo, pero sí denominaciones de calles con nombres relacionados con la Guerra Civil y la dictadura en algunos municipios, como Logroño, con 17 calles.

Mientras que en Aragón hay placas con los nombres de los fallecidos del bando nacional en fachadas de algunas iglesias o en cementerios, como en Cariñena o en Belchite, en Tenerife se derribó a finales del año pasado el monolito del monte de Las Raíces que conmemoraba la reunión que el 17 de junio de 1936 un grupo de oficiales y el entonces comandante general de Canarias, Francisco Franco, mantuvieron para preparar el golpe militar.

Ayuntamientos como el de Guadalajara quieren cambiar nombres de calles; en Cuenca están pendientes de retirar un escudo de Falange de la fachada de la catedral, y en Albacete quieren quitar un águila franquista de la puerta principal del Palacio de la Justicia en la plaza el Altozano.

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