Miguel Ángel Subirán

Malestar en la Policía Local ante la situación que están padeciendo sus miembros a raíz de las investigaciones sobre corrupción que se están llevando a cabo en el Cuerpo pues las “realidades o paranoias” en torno a la seguridad del Fiscal, Miguel Ángel Subirán, han convertido su trabajo diario en autentica pesadilla.

Y no solo su trabajo, sino también –en ocasiones- su vida privada.

El último episodio lo han vivido dos miembros del cuerpo –uno de ellos un oficial de la Unidad de Accidentes de la Policía Local- que procedían a realizar una mudanza de muebles a una casa de la Colònia de Sant Jordi.

Se dio la circunstancia de que el piso estaba cercano a la vivienda que ocupa el Fiscal durante las vacaciones y los agentes acabaron por ser interceptados por una patrulla de la Guardia Civil que les solicitó la documentación.

Sin embargo, uno de los agentes no la portaba pero arguyó su calidad de policía y que estaba en medio de una mudanza y que al finalizar la misma, recogería y presentaría su documentación.

Curiosamente, unos pocos días después ambos Policías fueron requeridos por el Grupo de Información de la Guardia Civil para que dieran cuenta de la “sospechosa” mudanza.

Situación que, como era de esperar, ha generado malestar e incomodidad en la plantilla de la Policía Local cuyos niveles de “paranoia” crecen cada día, pues temen que cualquier actuación suya sea puesta en duda y se vean en la tesitura de tener que responder “hasta del aire que respiran”.

Llamado a declarar después de seis años

Un ejemplo más: hace seis años, un agente fuera de servicio llamó –por lo tanto, como ciudadano- a la Policía Local para denunciar que un local situado junto a su casa hacía un ruido excesivo… y sí, también ha sido ahora –nada más y nada menos que seis años después- citado para que dé explicaciones de ello.

Subirán ha denunciado diversas amenazas por parte de agentes del Cuerpo

No hay que olvidar que Subirán dirige la investigación de corrupción en la Policía Local de Palma y ha denunciado amenazas por parte de varios agentes del Cuerpo que le han llevado a pedir permiso para portar armas –que le ha sido concedido- y a la Guardia Civil y a la Policía Nacional a desplegar dispositivos de vigilancia en torno a su domicilio de Palma y del de la Colònia.

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