Agentes de la Policía Nacional han liberado a dos menores que habían sido secuestrados por una organización criminal dedicada a traer a mujeres jóvenes desde Nigeria e introducirlas ilegalmente en España para su explotación sexual. Los dos niños, de unos tres años, eran retenidos para doblegar la voluntad de sus madres, mantenerlas en el ejercicio de la prostitución y garantizar así el pago de la supuesta deuda contraída con la organización. Los menores presentaban un evidente grado de desnutrición cuando fueron rescatados por los agentes, además de un nulo aseo personal. Los investigadores pudieron comprobar que los niños permanecían encerrados en habitaciones separadas, en un domicilio de Valmojado (Toledo), en ocasiones amordazados y atados a la cama, soportando vejaciones y humillaciones por parte de sus captores, quienes llegaron a suministrarles tranquilizantes o somníferos para facilitar su inmovilización y control. Hay tres personas detenidas, miembros de la red de trata de mujeres y responsables de custodiar a los menores para doblegar la voluntad de sus madres.

Esta operación se enmarca dentro del Plan Policial contra la trata de seres humanos con fines de explotación sexual puesto en marcha en abril por la Dirección General de la Policía y que ha permitido, hasta el momento, la detención de 626 personas vinculadas a estas redes y la detección de casi 12.000 víctimas, 170 de las cuales han sido acogidas o asistidas por ONGs u otras instituciones de ayuda y protección.

Explotadas por la propia organización o vendidas a proxenetas

Las investigaciones comenzaron a principios de este año al localizar a una joven nigeriana dedicada al ejercicio de la prostitución en la zona portuaria de Vigo que, aparentemente, estaba siendo explotada por alguna de estas redes. Tras ser liberada por la Policía y recibir la asistencia y protección previstas en el Protocolo Marco de Protección de Víctimas del Delito de Trata de Seres Humanos y, la joven decidió relatar lo ocurrido a los agentes.

Gracias a esa información, la Policía Nacional detectó la existencia de una organización criminal integrada por ciudadanos nigerianos y dedicada a la introducción ilegal de mujeres de su misma nacionalidad en España para su explotación sexual por la propia organización o por otros proxenetas a los que eran vendidas. La organización estaba perfectamente estructurada y sus miembros tenían funciones claramente definidas, organizándose en torno a dos núcleos básicos asentados en Marruecos y en España, con un responsable al frente de cada uno de ellos.

Desde su captación hasta que finalmente llegaban a España, las mujeres iban acumulando una elevada deuda con la organización que debían pagar ejerciendo la prostitución para ellos hasta saldarla por completo. Con el fin de doblegar su voluntad e impedir que huyeran o denunciasen su situación ante la Policía, las jóvenes eran amenazadas constantemente, tanto a ellas como sus familiares, llegando en alguna ocasión a secuestrar a sus hijos como garantía de pago.

Un largo viaje para ser prostituidas

La organización estaba liderada por un matrimonio de origen nigeriano y dos hermanos de la mujer, que se encargaban de la introducción clandestina de las mujeres en territorio europeo para ser explotadas sexualmente en beneficio de la propia organización o para venderlas a otros proxenetas, tanto en España como en otros países de la Unión Europea. Además, contaban con colaboradores que se encargaban de la fase previa de captación de las víctimas y su traslado hasta la península.

Las mujeres, jóvenes nigerianas, eran captadas mediante engaño, -con falsas ofertas de trabajo o abusando de su situación de necesidad-. Cuando las víctimas aceptaban dichas ofertas, comenzaba un penoso y largo viaje terrestre por el continente africano que podía durar más de un año, hasta llegar a Marruecos donde permanecían ocultas hasta su traslado definitivo a la península española en patera.

Durante el tiempo que duraba el viaje, las mujeres eran sometidas mediante amenazas constantes a la voluntad de la organización, con el fin de cobrar la exorbitante deuda contraída por los gastos derivados del viaje.

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