Se complica la historia sobre los presuntos abusos sexuales del que ha sido acusado el expárroco de Sant Sebastià Alfredo Miralles y la actuación del Bisbat de Mallorca.

El juzgado número 1 de Instrucción de Palma tiene sobre su mesa las cartas que le ha remitido la Policía Nacional en las que quedaría demostrado que, hace algo más de dos años, un colaborador de la parroquia informó, por escrito, al obispo Jesús Murgui Soriano de los presuntos abusos sexuales cometidos, según el denunciante, por Alfredo Miralles.

En aquella ocasión, el obispo y su cúpula, no informaron a la Policía Nacional y se tapó el asunto.

Ahora, la jueza y la Policía Judicial quieren saber los motivos por los que la cúpula eclesial no puso en conocimiento los hechos para que un grupo de investigación policial se hiciese cargo del caso.

Lejos de tomar esa decisión, según publica hoy jueves el diario Ultima Hora, el vicario general ha enviado una misiva a todos los sacerdotes imponiendo, bajo amenaza de sanción, el silencio absoluto.

«si alguien causase un mayor escándalo incumpliendo este deber de silencio, se le aplicarían las medidas disciplinarias que establece la legislación canónica», amenaza el vicario general, Antonio Vera a sus sacerdotes.

La investigación sigue su curso. Mientras tanto, la división en el clero mallorquín es evidente y varios sacerdotes ya han cruzado varias cartas llenas de reproches entre ellos.

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